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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 4

En el escenario, la ceremonia continuaba. Había llegado el momento de que los padres dedicaran unas palabras.

Silvio y Liliana Sosa subieron y se colocaron al lado de Jimena.-

Al ver que Silvio sostenía un micrófono y unas hojas de papel, Gabriela dio por hecho que él sería el encargado del discurso.

Sin embargo, las siguientes palabras del animador hicieron que el corazón se le encogiera de golpe.

—¡A continuación, invitamos a pasar al escenario a la madre del novio, la señora Viviana Yáñez, y a su pequeño hijo, Mateo Jara!

A Gabriela se le cortó la respiración. Miró con incredulidad cómo la figura de una mujer mayor y un niño subían lentamente los escalones, tomados de la mano.

Eran su suegra, Viviana Yáñez, y su hijo de seis años, Mateo.

—Ma... Mateo... ¿Por qué...? —murmuró Gabriela, incapaz de entender lo que veía.

Mateo pasaba casi todos los fines de semana en la casona de la familia Jara. Apenas el día anterior, ella misma lo había llevado. Su suegra le había asegurado que hoy llevaría al niño a una reunión de excompañeros de escuela.

Entonces, ¿qué diablos hacían ambos en este lugar?

Viviana sonreía con una dulzura infinita, mirando a Jimena con un profundo cariño.

Esa misma sonrisa y esa misma mirada las había visto Gabriela en el rostro de Viviana una sola vez: el día que dio a luz.

Aquella vez, su suegra le había dicho con voz amable: 'Gabi, lo siento mucho, has sufrido bastante'.

Pero fue un espejismo que duró un instante. Después de aquello, Viviana volvió a ser la suegra arrogante, fría y distante de siempre.

Mateo se paró entre Viviana y Enzo. A pesar de estar frente a tanta gente, el niño no mostró ni una pizca de timidez. Al contrario, miraba a Jimena con una gran sonrisa en el rostro.

La felicidad de su propio hijo fue como una cuchillada directa al corazón de Gabriela.

El dolor sordo le provocó un zumbido en los oídos, aislándola del mundo. No escuchó absolutamente nada de los discursos de los padres.

No reaccionó hasta que el presentador se acercó y le entregó el micrófono al pequeño Mateo.

—Dime, campeón, ¿hay algo que quieras decirle a los novios?

Mateo tomó el micrófono con la seguridad de un adulto. Levantó la vista hacia su padre, Enzo, y luego hacia Jimena, que estaba a su lado.

El rostro siempre impecable de Enzo se suavizó con una sonrisa indulgente, y acarició la cabeza del niño con ternura.

Ante la mirada atenta de todos los presentes, la voz infantil y dulce de Mateo resonó por los altavoces.

—¡Estoy muy feliz porque a partir de hoy la tía Jime va a ser mi nueva mamá! ¡Yo quiero mucho a la tía Jime y me hace muy feliz que sea mi mamá!

En cuanto Mateo terminó de hablar, el salón estalló en aplausos.

Capítulo 4 1

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