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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 54

—¡Soy el heredero de la familia Falcón en Puerto Serena! ¡Se metieron con el peor enemigo que podrían tener, ¿me oyen?!

Rocco, fastidiado por tanto ruido, miró de reojo a Damián.

—Encárgate.

Damián se quedó desconcertado.

—Jefe, ¿no se supone que vivimos en una sociedad de leyes?

Rocco lo miró como si fuera un idiota.

—Entonces encárgate de forma legal.

—¡Entendido! —Damián acató la orden y comenzó a tronarse los nudillos mientras caminaba hacia los tipos.

Gabriela, apoyada en la pared, clavaba sus finos dedos contra el muro mientras su respiración seguía agitada y el zumbido en los oídos no paraba.

Rocco se le acercó, cubriéndola con su sombra.

—Ya te lo dije una vez, las lágrimas no resuelven nada. ¿A quién pretendes conmover llorando ahora?

De nuevo escuchaba las mismas palabras de la misma persona.

A Gabriela se le cortó la respiración y sus pupilas temblaron.

Hace siete años, este mismo hombre, con un tono cien veces más frío y cruel que el de ahora, le había dicho: Llorar es inútil, las lágrimas no solucionan nada.

Vete ya, no seas un estorbo suplicando como perra callejera.

Nadie va a sentir lástima por ti, solo darás lástima ajena.

Los recuerdos del pasado inundaron su mente como un maremoto. Levantó la mano para secarse bruscamente las lágrimas del rostro. Cerró los ojos, intentando regular su respiración y forzándose a no recordar.

—Tía... —La voz asustada e impotente de Sofía Paredes la hizo volver a la realidad.

—Sofía... —Gabriela recobró la compostura de inmediato y corrió hacia ella.

Sofía estaba en estado de shock, paralizada y sentada en el suelo.

No fue hasta que Gabriela la abrazó que estalló en llanto a todo pulmón.

—Ya pasó, ya pasó —la consoló Gabriela suavemente, aunque la chica no paraba de temblar en sus brazos.

La policía llegó muy rápido.

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