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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 71

Al escuchar la orden de Gabriela, Clara se quedó de una pieza y, por inercia, se apresuró a replicar.

—Directora Gabriela, todos estamos hasta el cuello de trabajo. Organizar una reunión de imprevisto no es lo más adecuado en este momento.

Sin importar lo que pensaran los demás investigadores, ella misma, como asistente, tenía una montaña de pendientes. Sencillamente no tenía tiempo ni ganas de perderlo con ella.

Al notar la evidente evasiva en la voz de Clara, Gabriela no perdió los estribos. Su voz se mantuvo serena, pero con una autoridad que no admitía réplicas.

—Haz lo que te digo. Si en treinta minutos no veo a todo el mundo en la sala de juntas principal, aténganse a las consecuencias.

Sin darle oportunidad de responder, cortó la llamada.

Clara se quedó mirando el auricular mudo, paralizada en su escritorio.

—¿Qué te pasa, Clara? Tienes cara de haber visto un fantasma —preguntó uno de sus compañeros, notando su palidez.

Clara colgó el teléfono, con el ceño fruncido.

—La directora Gabriela quiere que convoque a todos en la sala principal en media hora.

—¿Qué? ¿Nosotros también tenemos que ir?

Cuando Clara asintió, un quejido colectivo resonó en toda la oficina.

En el mundo laboral, no hay nada más fastidioso que un jefe convocando a reuniones sorpresa. Si el superior tiene algo importante que decir, se tolera, pero lo peor es cuando es alguien incompetente que solo quiere inflar su ego y mostrar su poder. Hablan y hablan sin llegar a nada, una absoluta pérdida de tiempo.

Y para ellos, Gabriela encajaba perfectamente en esa segunda categoría.

Clara estaba marcando de mala gana a cada extensión para dar el aviso, cuando un investigador muy respetado en el instituto entró corriendo a la oficina, con la emoción desbordándole por los poros, directo hacia su escritorio.

—¡Clara! ¡Ese resumen que acabas de mandar! ¿De dónde lo sacaste?

Clara parpadeó, desconcertada, y su rostro reflejó incomodidad. De inmediato pensó que venía a reclamarle, ya que había reenviado los archivos de Gabriela sin siquiera revisarlos.

—Octavio, discúlpeme, fue un error mío no...

—¡Es una maravilla! ¡Una genialidad! —exclamó Octavio Castillo, sacudiendo el respaldo de la silla de Clara con euforia—. Clara, ¿de dónde sacaste esos apuntes? ¿Los preparó el director Paredes para que los usáramos de referencia?

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