Había cancelado todos sus compromisos de la mañana tras recibir la llamada de Gabriela y se había apresurado a llegar.
Por teléfono le había preguntado qué ocurría y por qué convocaba una reunión de emergencia.
Gabriela solo le había dicho que la situación era grave, imposible de resumir en dos palabras, pero que su presencia era vital.
Siendo así, y tratándose de la primera reunión que organizaba su colega tras asumir el cargo, por supuesto que iba a respaldarla. Lo más importante era que conocía a Gabriela; ella jamás hacía un escándalo sin motivo.
Sin embargo, apenas cruzó el umbral, lo primero que escuchó fue la queja de Vanina.
—Director Paredes, todos entendemos que escobita nueva barre bien. Si la directora Gabriela quiere lucirse y demostrar quién manda, puede hacerlo en otro momento, no cuando todos estamos hasta el cuello de trabajo.
El comentario de Vanina encendió de inmediato la mecha de la indignación en los demás. Aunque no todos tenían el descaro de Vanina para quejarse en voz alta, en el fondo, ninguno de ellos sentía la más mínima simpatía por la nueva directora.
Incluso Hugo Mendoza, que siempre era el mediador del grupo, se limitó a sentarse en silencio sin intentar calmar los ánimos.
Lorenzo Paredes tomó asiento en su lugar y, al escuchar a Vanina, frunció el ceño.
—Si la directora Gabriela convocó esta reunión, es porque hay un asunto de suma importancia. Lo único que debemos hacer es colaborar.
Vanina sonrió con ironía.
—Director Paredes, usted sí que la consiente. ¿Cuándo me va a tratar así de bien a mí?
—¡Vanina, cuida tu tono! Aprende a ubicarte y respeta el entorno laboral. ¿De verdad tengo que enseñarte algo tan básico? —Lorenzo no era ajeno a los rumores de pasillo, pero siempre los consideró chismes baratos sin fundamento. Con todo el trabajo que tenía, jamás les había prestado atención.
Pero nunca imaginó que Vanina sería tan imprudente como para insinuar algo así en plena sala de juntas, frente a todo el equipo.
Como hombre y subdirector del instituto, a él esos chismes no le afectaban en lo más mínimo.
Pero Gabriela era joven y acababa de unirse al equipo. Si esos rumores malintencionados se propagaban, su reputación quedaría arruinada.
Vanina, siendo uno de los pilares del instituto y quien muchos creían sería la próxima directora, sintió que la sangre le hervía al ser humillada públicamente por Lorenzo. Su rostro se ensombreció, pero no se atrevió a replicar.

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