—Cuando publiqué este documento, mi base de datos aún no estaba completa. Muchas de las conclusiones se basaban meramente en especulaciones teóricas. Todo eso lo dejé debidamente aclarado en las notas al pie, y la revista lo publicó tal cual. La optimización y validación de todos estos datos me tomó los siguientes tres meses después de la publicación.
Gabriela clavó su mirada en Vanina.
—Tu informe, Vanina, se armó basándose únicamente en la fantasía teórica del artículo. Ese fue tu primer y más grave error. Cualquier concepto teórico, sin la validación exhaustiva de los números, no es más que ciencia ficción.
En ese instante, el respeto que la sala sentía por Gabriela tocó el cielo.
La verdad era innegable: Vanina, cegada por la ambición y el afán de protagonismo, había cometido un plagio descarado.
Y Gabriela, siendo la víctima del robo, no había perdido el tiempo humillándola por el plagio ni buscando venganza personal. En todo momento se mantuvo estoica, argumentando exclusivamente sobre los fallos técnicos que ponían en riesgo el proyecto.
—Qué nivel de profesionalismo tiene esta chica...
—Y un control emocional impresionante. Ni siquiera yo habría aguantado los insultos con tanta frialdad.
—Y encima es un genio brillante. Ahora entiendo por qué el director Paredes movió cielo y tierra para traerla de vuelta.
—Definitivamente la juzgamos mal, nos dejamos llevar por chismes baratos...
Lorenzo seguía en su asiento, pero al ver cómo Gabriela había volteado la opinión de toda la sala, su pecho se infló de puro orgullo.
*Maestro, de verdad debió venir a ver esto. Nuestra Gabriela es ahora una fuerza imparable.*
Destruida públicamente y expuesta como un fraude, Vanina se derrumbó en la silla, con los ojos vacíos.
La silla de la directora, en la que se había sentado para demostrar poder, ahora parecía burlarse de ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera