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Amor que Fue romance Capítulo 10

—Hoy yo invito la primera, va por ustedes —Felipe se puso de pie alzando su copa—. Ni modo, reconozco que me ganaron, perdí el carro. Esta copa es para celebrar la buena suerte de Selena.

Selena asintió con una sonrisa de agradecimiento. Estaba a punto de levantar su vaso, pero Isaac ya se había adelantado: tomó la copa de licor que tenía ella enfrente y la puso a su lado, entregándole en su lugar un vaso con agua tibia.

Después de varias rondas, la plática dejó atrás los últimos proyectos de inversión para pasar a recomendaciones de lugares para vacacionar, y terminó en la manía de cada uno por las colecciones personales.

En medio de la charla, alguien contó un chiste tan bueno que todos terminaron doblados de la risa. Incluso Selena no pudo evitar soltar una carcajada.

A mitad del banquete, el gerente del lugar cruzó el salón a toda prisa y le susurró algo al oído a uno de los meseros.

El mesero se acercó e inclinándose, le susurró a Felipe unas palabras.

Felipe alzó la ceja, sorprendido.

—¿El presidente Manuel Duarte vino en persona? ¡Por favor, invítalo a pasar!

Poco después, un hombre maduro de cabello ya entrecano entró al privado con paso seguro, seguido por dos jóvenes trajeados que no se despegaban de él.

—Espero que estén disfrutando la comida y la compañía —el presidente Duarte les dirigió una sonrisa amplia, aunque sus ojos calculadores recorrieron la mesa con rapidez—. Me dijeron que hoy estaba aquí el señor Méndez, así que vine personalmente a brindar una copa.

—Presidente Duarte, qué detalle —Isaac mostró una sonrisa impecable, aunque en sus ojos no se reflejó ni una pizca de alegría.

El presidente Duarte agitó las manos con premura.

—No, no, por favor, el honor es mío. El señor Méndez llevaba tres años sin mover ficha y ahora que regresó lo hizo con todo. El distrito comercial de Río Verde ya se quedó corto ante semejante poder.

—Presidente Duarte, me está exagerando —Isaac contestó con un tono calmado, pero había una advertencia escondida en sus palabras.

Duarte percibió el mensaje y optó por no seguir hablando. Alzó su copa y la vació de un trago:

—No quiero interrumpir más su velada, así que me retiro.

Apenas se fue Duarte, Felipe se echó a reír.

—El presidente Méndez sigue teniendo presencia, ¿eh? Hasta Duarte, ese viejo zorro, viene a buscar su favor.

Capítulo 10 1

Capítulo 10 2

Capítulo 10 3

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