Entrar Via

Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 108

Los dos días pasaron entre preparativos apresurados y una atmósfera de anticipación que se sentía en cada rincón de la casa. Emma estaba en su habitación, frente a las maletas abiertas, mientras Angélica la ayudaba a organizar la ropa que llevaría a Europa. Su madre, con la mirada afilada, exploraba los cajones de la lencería con naturalidad haciendo que Emma se sintiera como una adolescente bajo vigilancia. Angélica sacó dos conjuntos de encaje, uno negro profundo y otro rojo sangre, y los dejó caer sobre el montón de vestidos de seda con un gesto decidido. Su hija tenía que llevar ropa sexy, más que un viaje de negocios. Parecía una segunda luna de miel.

​—Mamá, por favor... —murmuró Emma, sintiendo cómo el calor le subía a las mejillas.

​—No me mires así, Emma. Siempre es bueno llevar este tipo de ropa, especialmente a un viaje de negocios en el extranjero. No tienes idea de con qué tipo de gente tendrá que tratar Benedict. Seguramente habrá mujeres elegantes, de esas que huelen el dinero a kilómetros, observando como buitres a tu marido. Tienes que recordarles quién es la dueña de ese hombre —dijo Angélica, doblando el encaje con cuidado.

​Emma se quedó pensativa mientras veía a su madre hurgar en sus pertenencias. Recordó que, en el acuerdo inicial, Benedict había prometido serle fiel. Ahora que su relación era estable, que el amor y la posesión mutua habían reemplazado los términos legales, ella sabía que debía confiar en él. Sin embargo, las advertencias de Angélica plantaron una semilla de duda. Ella misma había sido asistente de Noah por meses y sabía que el mundo de los Campbell estaba rodeado de mujeres hermosas, sofisticadas y dispuestas a todo por un poco de atención de un hombre con ese apellido, sobre todo de un hombre como su marido. Solo imaginar a esas mujeres rondando a Benedict como malditas abejas a la miel le provocaba un nudo molesto en el estómago.

​—¿De verdad lo crees? ¿Crees que intenten algo estando yo ahí? —preguntó Emma, aunque en el fondo conocía la respuesta.

​—Los hombres son hombres, Emma. Y Benedict es un trofeo para cualquiera. No le des razones para mirar hacia otro lado —respondió Angélica de forma tajante.

​Emma suspiró y dejó que su madre terminara de elegir la lencería. Luego, mientras cerraban una de las maletas, Emma la observó con detenimiento. Había notado cambios en ella: su madre pasaba demasiado tiempo respondiendo mensajes en el celular, sus labios ahora siempre estaban pintados de un tono más intenso y había comenzado a usar vestidos que antes guardaba bajo llave para ocasiones especiales.

​—¿Qué vas a hacer tú mientras no estemos, mamá? —preguntó Emma, achinando los ojos con sospecha.

​Angélica se puso un poco nerviosa, sus manos se detuvieron un segundo sobre la ropa antes de seguir con su tarea.

​—¿Qué podría hacer yo? —respondió con una risita nerviosa—. Vivir mi vida tranquila, supongo.

​Angélica tenía años sin trabajar; vivía de la pensión de su esposo fallecido y del dinero que Noah le había dado cuando él y Emma estaban juntos. Era una mujer que sabía administrar sus finanzas y había ahorrado bastante.

​—Mamá, ¿estás saliendo con alguien? —soltó Emma de repente, buscando su mirada.

​A Angélica le tembló el labio inferior antes de negarlo rotundamente. ¿Qué le diría? ¿Que estaba pagando con sexo al hombre que se encargaría de desaparecer a su exyerno? Jamás podría confesarle que el Ruso pedía sexo y que esperaba seguir cobrando las "cuotas" de un trabajo sangriento. El hombre de los tatuajes quería que ella pasara el fin de semana con él en su penthouse, y Angélica sabía que no podía negarse si quería que Noah fuera eliminado de la ecuación para siempre.

​—Bueno, es una pregunta válida. ¿Sabes si Robert ya hizo su testamento? Si se infarta, mínimo que deje todo en manos de su hijo y dejé afuera al inútil de su nieto.

​—¿Cómo puedes pensar en eso? Eres imposible, de verdad —dijo Emma, rodando los ojos con fastidio.

​—¿Cómo no pensarlo? El hombre es viejo. No dudo que pueda tener una erección, pero de ahí a que el corazón le aguante el ritmo de una mujer como mi madre... —continuó Angélica, ignorando los gestos de su hija.

​—No me refería a eso, sino a que pienses en su muerte de esa forma tan fría. Me asustas a veces.

​—Bueno, no pensemos en tragedias todavía. Además, mi madre es una santa; no creo que quiera usar lencería como esta para seducir a tu suegro. Ella prefiere sus batas de franela —concluyó Angélica entre risas.

​Emma sonrió, contagiada a pesar de todo por el humor negro de su madre, y terminaron de cerrar la última maleta. Estaba lista para el viaje, lista para reclamar su lugar al lado de Benedict y, sobre todo, lista para alejarse del aire viciado de una ciudad que todavía olía a las traiciones de Noah.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Atada a un Hombre Mayor