¿Cómo hubiese sido si ambos fueran más valientes?
Estaba hecho, ella no tenía su final feliz. Pero ver a su nieta con los ojos brillantes por ese hombre que no hacía sino demostrar con hechos lo mucho que le importaba. Le apremiaba.
Benedict se acercó a Emma, que seguía parada en medio de la habitación de la bebé.
—Puedes cambiar lo que desees. Si algo no te gusta, solo tienes que decirlo —aseguró, dándole espacio. Frotó su barba con su mano, mientras su mirada se mantenía sobre Emma, deleitando sus pupilas con sus caderas que se veían más anchas, y yendo después hasta sus pechos que estaban más llenos.
Emma duró unos segundos más en silencio procesando todo, completamente ajena a su intensa mirada grisacea. luego se acercó a él y le tomó las manos, mirándolo con una gratitud que le desbordaba el alma.
—Gracias... gracias por hacer esto por mí y por mi hija —murmuró con sinceridad.
La expresión de Benedict cambió en un segundo. La gratitud pareció encender una mecha de furia posesiva en su interior. La tomó del brazo con firmeza, pero sin lastimarla, y la sacó de la habitación hacia el pasillo. La pegó contra la pared con un movimiento rápido, oscureciendo su mirada mientras la acorralaba con su cuerpo imponente. Emma soltó un jadeo ante la brusquedad del cambio.
—No vuelvas a decir eso jamás —sentenció Benedict, su voz vibrando con rabia mientras se acercaba tanto que sus narices se rozaban—. Esa bebé es mía. Es nuestra. Deja de hablar como si te estuviera haciendo un maldito favor.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Atada a un Hombre Mayor