Entrar Via

Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 117

Emma subió a la habitación de invitados con Catalina para ayudarla a recoger las pocas pertenencias que había llevado para esos días de estancia en la mansión. Mientras doblaba una blusa de seda, Emma no podía quitarse de la cabeza el brillo inusual en los ojos de su abuela. Estaba convencida de que algo había pasado entre ella y Robert, y la curiosidad le quemaba la garganta. No quería ser grosera, pero necesitaba confirmar sus sospechas.

​—Te veo muy bien, abuela. Realmente descansada. ¿Hiciste algún tipo de deporte agotador mientras no estuve? —preguntó Emma, fingiendo desinterés mientras guardaba un neceser en la maleta.

​Catalina la miró frunciendo el ceño, genuinamente confundida por la pregunta.

​—¿Deporte? Emma, apenas si caminamos por el jardín. Sabes que a mi edad no estoy para trotes innecesarios.

​—No sé, te ves con mucha energía. Como si hubieras hecho una actividad cardiovascular intensa —insistió Emma, con una sonrisa pícara que Catalina no terminó de procesar—. El papá de Benedict parece un buen hombre, ¿verdad? Debe ser un excelente... conversador, para haberte mantenido tan entretenida.

​En ese momento, las mejillas de Catalina se tiñeron de un rojo intenso, recordando las horas que pasaron platicando frente a la chimenea, las confesiones a media voz y la cercanía que habían recuperado. La mujer bajó la mirada a la maleta, tratando de ocultar su turbación, pero Emma ya tenía la respuesta que buscaba. Sonrió para sus adentros, satisfecha, y decidió no indagar más para no incomodarla. Las mujeres mayores también necesitaban quitarse la tensión y Robert era muy apuesto. Cuando terminaron de cerrar el equipaje, un sirviente subió por la maleta para llevarla al auto que ya esperaba en la entrada. Bajaron las escaleras y, justo antes de subir al vehículo, Catalina se detuvo en seco al darse cuenta de que había olvidado su broche favorito sobre la cómoda.

​—Regreso enseguida, olvidé algo —dijo Catalina, entrando de nuevo a la casa.

​Robert la esperaba en el vestíbulo. Cuando ella pasó a su lado, él le tomó la mano con firmeza, deteniéndola un segundo. Sus ojos se encontraron con una intensidad que hablaba de todo lo que no se habían dicho en años.

​—Tenemos una conversación pendiente, Catalina. No creas que esto termina aquí —susurró Robert. Mostrándole que aquel broche estaba en su mano, aunque no tenía intenciones de devolverlo y lo guardó en su chaqueta.

​Catalina no respondió, solo le dedicó una mirada cargada de aquellas emociones que le revoloteaban en el estómago antes de soltarse y salir apresurada hacia el auto. El trayecto a casa fue tranquilo, pero el ambiente en la familia Campbell estaba a punto de estallar.

...

​Al día siguiente, Benedict fue a la mansión de su padre. Por fortuna, Noah no estaba en casa, lo que facilitó que ambos se encerraran en el despacho para hablar con libertad. Robert se veía cansado, con el ceño fruncido y una preocupación que no intentaba ocultar tras la habitual máscara de tranquilidad.

​—Estoy preocupado, Benedict —dijo Robert, sirviéndose un trago que dejó intacto sobre el escritorio—. Noah ha tenido un comportamiento demasiado extraño desde el accidente de Mariana. Al principio pensé que era simple angustia por su esposa, pero ahora lo dudo. Se comporta como si alguien lo estuviera observando todo el tiempo, como si ocultara algo muy oscuro.

​Robert caminó hacia la ventana, observando el jardín, como hacía el día que vio a Noah entrar a la casa como si un demonio estuviera persiguiendolo.

​—Pasa mucho tiempo en el hospital, pero no pareció nada contento cuando le dijeron que Mariana había despertado. Espero equivocarme con todo mi corazón, pero tengo el presentimiento de que esa caída no fue un accidente.

​Aquello no tomó por sorpresa a Benedict. Después de lo que el Ruso le había confesado sobre el contrato que Noah puso sobre su cabeza, lo creía capaz de cualquier atrocidad, incluso de intentar asesinar a su propia mujer para quitarse un estorbo de encima. Siendo un hombre egoísta, lo que a Benedict le preocupó fue el fin que tenía Noah en mente. ¿Para que deshacerse de Mariana? Esa pregunta tenía dos posibles respuestas. La primera era que Mariana le había descubierto algo mucho más turbio y Noah enloqueció. Y la segunda era Emma.

No sé iba a mentir, que Noah y Mariana se mataron entre ellos le tenía sin cuidado en realidad. Pero que sus intenciones tuvieran que ver con Emma, le hacía hervir la sangre.

​—¿No estás sorprendido? —preguntó Robert, notando la impasibilidad de su hijo.

​Emma se puso roja como un tomate, tratando de persuadirlo, porque su madre estaba cerca, mientras sentía cómo las manos de su esposo ya se deslizaban con descaro por debajo de su falda, buscando su piel.

​—Benedict, no... mi madre está ahí —susurró ella, aunque su cuerpo traicionaba sus palabras al arquearse hacia él.

​—Dime que no traes bragas, Emma —insistió él, apretando su muslo con fuerza. Ignorando el aviso.

​Emma lo empujó suavemente, tratando de recuperar la compostura, aunque el corazón le latía a mil por hora.

​—Mejor dime qué te dijo tu papá. Se veía que era algo importante —preguntó ella, tratando de cambiar de tema para calmar las hormonas de Benedict.

​Él se alejó un poco, no porque hubiera perdido el deseo de tenerla sobre su cuerpo, sino porque la gravedad del asunto lo obligaba a concentrarse. Acomodó su erección en el pantalón y se pasó una mano por el cabello, exhalando un suspiro cargado de frustración.

​—Dice que sospecha que lo de Mariana no fue un accidente. Cree que Noah la provocó para deshacerse de ella.

​En ese instante, la puerta del baño se abrió y Angélica salió con una expresión que pasó de la diversión a la seriedad absoluta en un segundo. Miró a Benedict directamente a los ojos, sin rastro de la duda que tenía antes.

​—Si Robert sospecha eso, está en lo cierto. Yo tengo una prueba de que Noah quería a Mariana lejos, algo que quizás ayude con la investigación —dijo Angélica, dejando a ambos en un silencio mucho más tenso—. Tengo una grabación que demuestra de lo que ese maldito es capaz.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Atada a un Hombre Mayor