Mariana avanzó con calma hasta colocarse cerca de ella, moviéndose con esa seguridad que solo el dinero y un apellido importante pueden comprar. Se miró al espejo y ajustó el escote de su vestido de novia con una parsimonia irritante, deteniéndose a observar con una sonrisa la argolla de matrimonio que ahora brillaba en su dedo. Emma estaba por salir del baño, ansiosa por escapar de esa atmósfera asfixiante, y de la amargura que no podía evitar que esa mujer le provocaba, pero Mariana la detuvo con una frase que la dejó helada.
—Te conozco —soltó Mariana sin quitar la vista de su propio reflejo.
Emma se detuvo en seco, sintiendo cómo el aire se volvía pesado.
—Eres la asistente muerta de hambre que estaba interesada en Noah —continuó la pelirroja, girándose por fin para encararla.
Emma sintió una oleada de sorpresa, no tanto por el insulto, sino por la seguridad con la que Mariana manejaba esa información. Se preguntó qué tanto sabía realmente esta mujer sobre las noches que ella pasó con Noah.
—¿Él te dijo eso? —preguntó Emma, tratando de que su voz no temblara.
—No hizo falta. Te vi salir corriendo aquel día, ya sabes de qué hablo... cuando nos viste en su oficina —respondió Mariana con una sonrisa cruel, gustosa de que los hubiera encontrado teniendo sexo—. Tenías esa cara, la cara de una mujer dolida. Sé que Noah te tenía como asistente por tu eficacia, pero no podía permitir que alguien que estaba enamorada de mi prometido trabajara para él. Y mira, seamos realistas, Noah jamás se fijaría en alguien como tú.
Mariana volvió a mirarse en el espejo, y la recorrió con la mirada llena de desprecio a través de su reflejo, deteniéndose en su vestido negro y en sus joyas. Su voz sonaba despectiva, pero Emma percibió algo más oculto bajo ese tono: ¿Eran celos?
—Ahora da la casualidad de que tienes una relación con Benedict —siguió Mariana—. ¿Qué es lo que quieres? Y más importante, ¿qué hiciste para atrapar a alguien como él?
Una sonrisa amarga se expandió en los labios de Emma. Quería refutarle que estaba completamente equivocada, y que ese hombre que jamás se fijaría en ella, se corrió demasiadas veces al tenerla entre sus brazos. Pero eso era solo la prueba de lo mucho que jugó con ella y realmente no era algo para presumir, por mucho que quisiera molestar a la pelirroja.
—Deberías estar tranquila entonces —respondió Emma, dando un paso hacia ella—. Puedes estar tranquila de que tu esposo no me interesa. No soy de esas que se arrastran a los pies de un hombre casado buscando un poco de atención. Tal como Benedict informó, me casaré con él, y tú no tienes que preocuparte por dos razones obvias.
Mariana apretó los labios, esperando el resto.
—La primera es que, como bien dices, Noah no se fijaría en alguien como yo, ¿no es así? si estás tan segura de tus palabras, entonces no hay de que preocuparse. Nada que temer —dijo Emma con una ironía que caló hondo—. Y la segunda, ¿por qué conformarme con alguien como Noah cuando tengo a un hombre como Benedict?
La rabia fue evidente en el rostro de Mariana, pero Emma ya no quería seguir ahí, mucho menos dar la impresión de estar peleando por alguno de esos hombres. No tenía caso seguir hablando con ella.
Emma comenzó a caminar hacia la salida, pero Mariana volvió a hablar, esta vez con más veneno en sus palabras.
—Benedict solo te está usando porque no quiere que Noah se quede con la herencia. Él es un hombre inteligente, jamás se fijaría en alguien como tú. No eres más que una muerta de hambre que encontró una oportunidad. Pero él jamas toma en serio a nadie, y jamás te tomara en serio a ti.
Emma frunció el ceño. ¿Por qué Mariana parecía incluso más molesta al referirse a Benedict, y por qué hablaba como si lo conociera tan a fondo?
—La fortuna de los Campbell no es algo que te corresponda cuidar —replicó Emma regresando sobre sus pasos, sintiendo unas ganas inmensas de golpearla, quería trapear el suelo con ese vestido blanco, no por el tema de Noah, sino por la forma tan despectiva en la que se había referido a ella, menospreciandola cada vez que pudo—. Enfócate en cuidar de tu matrimonio, que yo haré lo propio y en su momento me enfocaré en el mío. Que no te quite el sueño si Benendict me está usando o no, que ese es mi problema, más no el tuyo.


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