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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 133

Tras el aparatoso arresto de Noah en la bodega, Benedict se movió con la rapidez de un depredador astuto para blindar el imperio familiar. Sabía perfectamente que el escándalo de tener a su propio sobrino tras las rejas por asesinato y secuestro podía hundir las acciones de Industrias Campbell y destruir décadas de prestigio corporativo de un plumazo. Utilizó todas sus influencias políticas y financieras, comprando el silencio de los jefes de redacción de los principales diarios y moviendo hilos en el departamento de relaciones públicas; inventaron una elaborada historia donde Noah supuestamente había sufrido un colapso nervioso debido al exceso de trabajo y se encontraba internado en una clínica de reposo privada en el extranjero. De esa forma blindó las finanzas, evitando pérdidas millonarias y manteniendo la estabilidad del negocio. Paralelamente, usó ese mismo poder para presionar a la fiscalía; aunque el juicio definitivo todavía tardaría meses en organizarse, Benedict se aseguró de que a Noah le dictaran prisión preventiva sin derecho a fianza en el sector más aislado y custodiado del penal de máxima seguridad, garantizando que estuviera bien asegurado, donde no pudiera respirar aire limpio ni mandar recados al exterior.

Por otro lado, Benedict tampoco estaba dispuesto a permitir que Mariana se quedara impune tras descubrir que había intentado asesinar a su hija antes de nacer. Esperó con una paciencia gélida a que la mujer mostrara las primeras señales de mejoría médica en su suite del hospital. El día que finalmente le retiraron los sedantes fuertes, el personal legal indicado entró a su habitación sin ninguna pizca de tacto para exponerle la cruda realidad de su nueva vida. Le informaron sin anestesia la muerte de Altagracia, la detención deshonrosa de Noah y, la estocada final, la denuncia penal que el propio Benedict había puesto en su contra por el intento de aborto forzado contra Emma. La noticia la destruyó por completo. La recuperación de Mariana se convirtió en un proceso lento, doloroso y miserable; se pasaba las noches llorando en la penumbra, asimilando la pérdida de su propio bebé y sintiéndose devastada, triste y profundamente arrepentida por haberse aliado con el monstruo equivocado.

El proceso de su rehabilitación física fue una tortura diaria. Con la ayuda de extenuantes sesiones de terapia física, Mariana comenzó a recuperar de forma muy torpe y lenta la movilidad de las piernas, soportando los pinchazos y el dolor muscular en la columna dañada. Benedict no mostró la más mínima compasión ni flaqueó ante el llanto de la lisiada; cumplió su palabra al pie de la letra y le retiró de inmediato todo el apoyo económico de los Campbell. Canceló el seguro médico de la empresa y prohibió que un solo centavo de su apellido pagara sus tratamientos. La costosa recuperación tuvo que ser costeada únicamente por parte de su herencia familiar, de la cual tuvo que vender propiedades para mantenerla en esa clínica privada.

Los siguientes dos meses se transformaron en un calvario psicológico para ella; la fisioterapeuta le obligaba a dar pasos dolorosos entre barras de metal mientras el calendario avanzaba implacable, recordándole que apenas fuera dada de alta de ese hospital, la policía la estaría esperando en la puerta principal con las esposas listas para que enfrentara a la ley como la criminal que era.

Una vez que la tormenta mediática se disipó, la estabilidad regresó a las cuentas de la compañía y se confirmó que no hubo pérdidas financieras gracias a la mentira corporativa sobre la ausencia de Noah, Robert decidió que era el momento de dejar de esconderse como un delincuente en las sombras de la madrugada. Había pasado demasiadas décadas fingiendo una vida perfecta que solo le causaba amargura en el pecho y no pensaba desperdiciar los pocos años que le quedaban en este mundo.

Una mañana habló de hombre a hombre con su hijo, y abordó esa charla que entre ellos se habia quedado pendiente.

—Sé que hemos pasado por semanas oscuras y llenas de traiciones que casi nos destruyen, pero la tormenta ya pasó y la empresa está a salvo de cualquier peligro —comenzó Robert, carraspeando un poco antes de tomar la mano de Catalina, quien se tensó ligeramente por la sorpresa pero no se apartó—. No pienso seguir ocultando lo que es una realidad innegable para todos en esta mesa. Amo a Catalina Spencer con la misma intensidad que la amé cuando éramos unos jóvenes, y quiero casarme con ella lo antes posible. Nos merecemos este tiempo juntos.

Las palabras de Robert cayeron con la fuerza de un rayo en el comedor, desatando un drama instantáneo. Angélica soltó una pequeña risa de complicidad, mirando a su madre con orgullo, mientras que Benedict arqueó las cejas con sorpresa, asimilando que su padre hablaba completamente en serio sobre formalizar esa unión. Catalina miró a Robert con los ojos brillando por la emoción de ver cumplida la promesa que quedó en pausa en aquella vieja cabaña de pescadores, aceptando el destino que el romance oscuro y la madurez de sus vidas finalmente les otorgaba.

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