Para Angelica, el juicio de Noah no parecía ser importante, no tsnto con la peqeña criatura que se gestaba en su vientre. La luz blanca del consultorio privado alumbraba el monitor de la ecografía donde se proyectaba una silueta difusa. Angélica permanecía recostada en la camilla de exploración, con la blusa recogida hasta el pecho y un gel frío cubriéndole la superficie del vientre. El obstetra movía el transductor con suavidad, examinando las dimensiones del feto antes de limpiar la zona con una toalla de papel y tomar asiento frente a su escritorio para actualizar el expediente.
—El desarrollo marcha de manera regular, Angélica. Tienes exactamente quince semanas de gestación y los niveles de los análisis de sangre están en orden. Debes mantener el consumo de las vitaminas —indicó el médico, entregándole las impresiones en blanco y negro de las imágenes tomadas.
Angélica se acomodó la ropa y bajó de la camilla con lentitud, guardando los papeles dentro de su bolso de mano. Al salir de la clínica, se subió al automóvil que le había asignado Robert y se quedó mirando el volante durante varios minutos, sumida en una marea de pensamientos que le oprimían el pecho. Con quince semanas el margen de maniobra se le estaba terminando; la redondez de su panza comenzaba a notarse a través de las prendas holgadas y sabía perfectamente que aquello se terminaría sabiendo tarde o temprano. Pensó seriamente en sentarse con Emma y con su madre para soltarles la verdad de golpe. Odiaba la idea de ocultarle algo tan grande a su hija, sobre todo ahora que Emma disfrutaba de su faceta como madre primeriza, pero el pánico a la reacción de ambas mujeres y el juicio de Catalina la hacía postergar la confesión un día tras otro. Lo que Angélica no imaginaba era que el destino ya le tenía preparada una trampa judicial en las oficinas del departamento de policía.
A pocas avenidas de la clínica, en la central de investigaciones de la fiscalía, un detective revisaba una declaración que cambiaba por completo el rumbo del caso Campbell. Un testigo inesperado, un joven llamado Mateo que había trabajado como mesero temporal durante la fiesta de bodas de Emma y Benedict hace meses, se encontraba sentado en la silla de los acusados rindiendo un testimonio detallado ante la autoridad. El muchacho se frotaba las manos por los nervios, pero mantenía sus palabras con firmeza.
—Yo la vi con mis propios ojos esa tarde. La señora Angélica Spencer se acercó a la mesa de banquetes donde servían los aperitivos de la señora Mariana y puso una sustancia extraña, un polvo grisáceo, tanto en la comida como en la bebida que los meseros le llevarían a la mesa. No quise decir nada en ese momento porque los Campbell manejan toda la ciudad y tuve un miedo terrible de perder mi empleo o terminar en una zanja, pero mi familia se enteró de lo que ocultaba y me instó a denunciar todo de una vez por todas para no volverme cómplice —dijo Mateo, firmando el acta oficial bajo la mirada seria del fiscal de turno.
La maquinaria legal se activó de inmediato. Al tratarse de un intento de homicidio mediante envenenamiento y con los antecedentes del abortk que Mariana había sufrido esa misma noche y que habían quedado registrados, el juez de control autorizó la apertura inmediata de una investigación penal en contra de Angélica. Dos agentes de la división de homicidios salieron de la central con una orden de presentación y un equipo de peritos asignados para catear el laboratorio farmacéutico donde se sospechaba que la mujer consiguió los químicos. Además, se le notificaría a Mariana para que hiciera su denuncia correspondiente.
Angélica llegó a la mansión Campbell a media tarde, intentando disimular el cansancio físico que el embarazo le provocaba. Estaba dispuesta a confesar su embarazo, aunque no tenia claro el rumbo que tomaría su vida.
Se había jurado no volver a buscar al ruso, pero era el padre de ese bebé, y pensó que debía informarle. No para que asumiera la paternidad eso a ella le tenía sin cuidado. Pero no quería mantener un secreto que tarde o temprano terminaría por salir a la luz.

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