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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 145

Habían pasado unas semanas desde que el escándalo del envenenamiento sacudiera los cimientos de la mansión y la huida de Angélica dejara un vacío lleno de preguntas en el ambiente. La vida dentro de la propiedad, sin embargo, se abría paso con la rutina de los cuidados de la bebé. La pequeña Benett ya tenía ocho semanas de nacida; sus facciones se definían más y mostraba una fascinación por estar cerca de su padre. Acurrucada en el pecho de Benedict, en la calidez de la biblioteca alta, la bebé estiraba sus manitas regordetas, abriendo los dedos para tocar la barba y el rostro del empresario. Benedict se mantenía quieto, apenas respirando para no asustarla, dejando que los dedos diminutos de su hija exploraran su piel mientras una expresión de absoluta suavidad transformaba sus facciones habitualmente duras. Emma los observaba desde el umbral con una taza de leche tibia entre las manos, sintiendo que los latidos de su corazón se estabilizaban al ver la devoción con la que su esposo sostenía a la niña, borrando temporalmente la angustia por el paradero de su madre.

El sosiego duró poco porque esa misma tarde se llegó el día del veredicto final de Noah en los tribunales. Toda la familia se trasladó bajo un estricto operativo de seguridad para escuchar la resolución del magistrado. Noah apareció en la sala escoltado por cuatro oficiales, con las cadenas de los pies arrastrándose por el suelo de granito y las manos sujetas a un cinturón de cuero. El juez no titubeó al leer la sentencia definitiva; los cargos por el intento de matar a Mariana y las pruebas irrefutables sobre la muerte de Altagracia le valieron una condena de muchos años en una prisión de máxima seguridad, garantizando que pasaría el resto de su vida tras las rejas. Al escuchar la cifra de los años que le esperaban de encierro, Noah no flaqueó físicamente, pero sus ojos verdes se encendieron con un coraje desmedido. Cuando los guardias lo hicieron girar para sacarlo por el pasillo lateral, pasó a escasos centímetros de Benedict y se detuvo un segundo, desafiando la distancia que los separaba.

—Voy a salir de ahí, tío. No pienses ni por un maldito segundo que me voy a quedar a podrirme en esa celda. Y cuando lo haga, voy a regresar para recuperar lo que es mío —soltó Noah con una sonrisa torcida, desviando la mirada hacia Emma con una obsesión que le deformaba los rasgos del rostro.

Benedict ni siquiera se inmutó ante la provocación; dio un paso al frente, interponiendo su cuerpo robusto entre el prisionero y su esposa, mirándolo desde arriba con una calma que demostraba su superioridad absoluta en esta guerra familiar.

—Jamás fue tuya, Noah. Ni Emma, ni esta familia, ni un solo centavo de este imperio te perteneció en el pasado y mucho menos ahora. Te vas a quedar encerrado hasta que te olvides de cómo se siente la luz del sol —respondió Benedict, con una voz baja y plana que hizo que los custodios tiraran de las cadenas de Noah con brusquedad para obligarlo a avanzar hacia las celdas subterráneas.

En una sala contigua del mismo edificio, alejada del ruido de la prensa, Mariana esperaba sentada en su silla ortopédica, sosteniendo un pañuelo entre las manos flojas. Sus enfermeras se mantuvieron afuera cuando Emma entró a la habitación, cerrando la puerta detrás de ella. El encuentro entre ambas mujeres se dio sin los gritos del pasado; Mariana tenía los ojos hinchados por el llanto reciente del juicio y la mirada fija en las manos de Emma. Tras unos segundos de un silencio absoluto donde solo se escuchaba el motor del aire acondicionado, Mariana tomó aire con dificultad y levantó la vista, mostrando una vulnerabilidad que no tenía nada que ver con la arrogancia que solía usar como escudo.

—Sé que no tengo ningún derecho a pedirte esto, Emma, pero necesito decírtelo de frente. Te pido perdón por todo lo que hice, por haber sido tan miserable y por tratar de hacerte perder a tu hijo en aquel entonces con los abortivos —dijo Mariana, con la voz rota, dejando que las lágrimas corrieran por sus mejillas sin intentar limpiarlas.

Retirar los cargos 1

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