Una vez que el documento que redactaba que los cargos contra Mariana serian retirados, la mujer fue citada.
Mariana revisó las páginas con la respiración entrecortada, sosteniendo el bolígrafo con un temblor que denotaba su frustración, pero estuvo de acuerdo en cada punto. No tenía otra alternativa si quería evitar una celda común. Firmó con rapidez, entregándole las copas al abogado de Benedict, quien verificó los sellos antes de hacerle una seña a Emma para que procediera con lo suyo. Una vez terminado el trámite legal, Benedict se adelantó un paso, colocándose justo frente a la silla de ruedas de Mariana, invadiendo su espacio con su enorme contextura física, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para poder sostenerle la mirada.
—Mantente alejada de Emma y de mi propiedad a partir de este maldito segundo, Mariana. Tú no conoces en lo absoluto lo hijo de puta que yo puedo llegar a ser cuando se meten con los míos y si te atreves a querer dañarla de nuevo en el futuro o a asomar la nariz por la mansión, te juro por la vida de mi hija que lo vas a lamentar el resto de los días que te queden de aliento —dijo Benedict con una voz baja y áspera que hizo que la enfermera de Mariana diera un paso hacia atrás por el temor.
Mariana no dijo absolutamente nada más. Mantuvo la boca cerrada, apretando los puños sobre el regazo texturizado de su pantalón; no tenía el menor caso seguir discutiendo porque su palabra ya no valía un solo centavo en esa ciudad. No confiaban en ella y se lo había ganado con creces. Ella solo quería recuperar su vida, reconstruir los pedazos que Noah le había destrozado y estaba completamente segura de que eso solo sería posible alejándose de manera definitiva de la familia Campbell y de las sombras que los rodeaban. Por esa razón su divorcio ya estaba en puerta.
Hizo una seña muda a su personal y se dejó guiar hacia la salida lateral del tribunal, sin volver la vista atrás. Sin la denuncia de Mariana contra Angélica sosteniendo el caso de la fiscalía, la acusación por envenenamiento se desmoronó por completo en los registros policiales. Angélica quedaba libre de cualquier cargo criminal, limpia ante la ley y con la total libertad de regresar al país en el momento en que se le diera la gana, sin el temor de ver patrullas esperándola en el aeropuerto.
...
Esa misma tarde, Emma se encerró en au habitación para hacerle una llamada telefónica a su madre. Tenían que resolver el cabo suelto que representaba Mateo, el mesero que había provocado el escándalo mediático. Emma le explicó a Angélica con un tono de voz firme que, sin el respaldo de la afectada directa que era Mariana, la declaración del muchacho carecía de cualquier peso legal ante el juez. Benedict se había encargado personalmente de reunirse con el joven esa misma mañana, amenazándolo de una forma tan cruda que el empleado no tardó en firmar una carta de retractación absoluta, alegando que todo había sido una confusión producto del cansancio de la fiesta. Benedict le había dejado claro al muchacho, mientras lo sostenía por la solapa de la chaqueta, que jamás en su maldita vida podría ganar una batalla legal ni mediática contra el poder de los Campbell, obligándolo a desaparecer de la región de inmediato.
Durante la videollamada, la imagen de Angélica apareció en la pantalla de la tableta de Emma. Su rostro lucía radiante, sin rastro del pánico del escape, y se encontraba sentada en una enorme terraza con vista a un jardín cubierto de nieve. Su embarazo ya alcanzaba las veinte semanas de gestación, mostrando una panza redonda y prominente bajo un suéter de lana fina. Al mismo tiempo, en la mansión, la pequeña Benett ya tenía tres meses de nacida, moviéndose con más energía en su cuna. Catalina que se encontraba de visita, se acercó a la pantalla para mirar a su hija, conteniendo las lágrimas de la emoción al notar los cambios físicos en su cuerpo.
—Va a ser un niño. El médico me lo confirmó esta mañana en la revisión —confesó Angélica con una sonrisa de orgullo descarado, acariciándose el vientre con ambas manos—. Y aunque ya sé que no soy una prófuga de la justicia gracias a lo que arreglaron con Mariana, no tengo la menor intención de regresar pronto por allá. El ruso es un hombre sumamente rico, por supuesto que la mayoría de sus millones vienen de sus negocios turbios en el extranjero, pero me está dando una vida de reina que no pienso desaprovechar por nada del mundo. Me compró una mansión enorme en las afueras de la capital y mi bebé va a nacer en el seno de la mafia, con todo el poder que su padre le va a heredar desde el primer día.


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