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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 16

La primera reacción de Emma fue cerrar la puerta con fuerza, pero Noah lo impidió colocando su pie. Empujó la madera obligándola a retroceder varios pasos y entró al apartamento, barriendo el lugar con una mirada de odio. Ella, con el ceño fruncido y el pulso galopando en sus oídos, trató de interponerse, pero fue inútil; Noah ya estaba adentro, invadiendo su espacio y rompiendo la escasa paz que había logrado construir esa mañana.

​—¿Qué carajos haces aquí? —exigió Emma, intentando que su voz no delatara el temblor que recorría su cuerpo.

​—Eso mismo me pregunto yo. ¿Qué demonios haces tú en el apartamento de Benedict? —respondió Noah, estaba muy molesto.

​Emma cruzó los brazos sobre el pecho, mientras la rabia se adueñaba de su cuerpo.

​—¿No es obvio? Duermo aquí. Vivo aquí —soltó con toda la frialdad que pudo reunir, aunque por dentro sintiera que se caía a pedazos.

​Noah apretó los dientes de tal forma que los músculos de su mandíbula saltaron. La furia en su rostro hizo que él corazón de Emma saltara más fuerte.

​—Deberías irte a disfrutar de tu luna de miel y no estar pendiente de lo que hago yo —añadió ella, queriendo herirlo de la misma forma en que él lo hacía.

​Noah no respondió con palabras. Dio un paso violento hacia ella, la sujetó del brazo con una fuerza que le arrancó un gemido y la pegó a la pared. Estaba fuera de sí.

Al terminar la noche, se había llevado a Mariana al apartamento donde tantas veces llevó a Emma. Mariana se sentía mal, lloraba por la humillación de Benedict y el estrés de la fiesta amenazando la vida que llevaba en su interior arruinó la noche de bodas. Noah estaba tenso, carcomido por la imagen de Emma del brazo de su tío. Se negaba a creer que ella fuera ese tipo de persona: una arribista esperando al mejor postor que la sacara de la miseria donde vivía. Había ido a la farmacia por medicamentos que lograrán apaciguar el malestar de su esposa y sin darse cuenta terminó frente a la casa de Emma. Allí, Angélica le dijo entre sollozos que Emma se había ido sin decir nada apenas terminaron su relación, que estaba profundamemte preocupada por ella, porque no sabía dónde estaba y solo rogaba al cielo que su querida hija estuviera a salvo. También le contó que no solo se había ido de casa sin importarle nada, se fue dejándolas con deudas. Noah terminó dándole un fajo de billetes, un gesto que le dio asco; sentía repudio de saber que ella había dejado a su familia a su suerte para largarse a la cama de un hombre con más dinero.

Se negaba a creer que Emma no fuera la mujer dulce que decía amarlo.

​—¿Qué pretendes? Si lo que querías era hacerme enfadar, ya lo lograste —siseó Noah, acercando su rostro al de ella—. No juegues con mi paciencia porque sabes que es poca. Termina con esta farsa de relación ahora mismo, porque no sabes de lo que soy capaz.

​Emma forcejeó, sintiendo que los dedos de Noah se hundían en su carne. Cada palabra de él era como una bofetada que ardía en el interior de su cuerpo, un golpe profundo que estrujaba su corazón y lo hacía pedazos.

​—¿Conoces a las mujeres con las que ha estado mi tío? No te comparas con ninguna, todas son elegantes, hermosas y provienen de familias respetables, tu no eres siquiera su tipo. Ahora está contigo porque se siente presionado por mi abuelo, porque acabo de casarme, soy mejor que él y estoy por quedarme con todo lo que él cree suyo. Pobre ingenua, te está usando para no perder su puesto. Pero tú no eres nada para él, solo un coño con el que se entretiene como en su momento yo lo hice. Cuando se dé cuenta de que ha perdido, te va a desechar. Te pagará por tus servicios y te botará como la puta que eres.

​Emma trató de pegarle otra vez, pero Noah detuvo su mano con un movimiento rapido, apretándole la muñeca. Ella mantuvo el mentón en alto, impidiendo que una lágrima escurriera por su mejilla.

​—Si no soy más que una puta, ¿qué haces aquí? ¿Por qué estás tan pendiente de alguien que no merece estar en la misma mesa que tu familia? ¿Por qué no estás con tu esposa disfrutando de su luna de miel? ¿Quieres que te dé la respuesta, Noah? Porque ella no te hace sentir como lo hacía yo. Porque ella no te llena por completo y en el fondo te mueres de rabia de saber que Benedict me tiene ahora —​Emma se acercó más, ignorando el dolor del brazo—. Sabes que jamás recuperarás lo que tenías conmigo porque contrario a lo que piensas, Benedict es mucho más hombre que tú en todos los sentidos. Él no se esconde, él me puso frente a su padre y frente a todo el mundo. Tú... tú eres un gusano, un maldito poco hombre que un día pagará por todo lo que me hizo. Y te prometo que vas a arrepentirte.

​Noah soltó una carcajada burlona, pero sus ojos mostraron que sus palabras dieron en el clavo. Los celos lo estaban devorando; la idea de Benedict tocando la piel que él consideraba suya lo volvía un animal. Pero no estaba dispuesto a reconocerlo.

​—Es la última vez que te lo advierto, Emma —dijo Noah, su voz cargada de una amenaza letal—. Aléjate de mi tío. Rompe ese absurdo compromiso hoy mismo o haré de tu vida un infierno. No dejaré que te quedes con nada de lo que me pertenece por derecho. Vuelve al agujero de donde te saqué antes de que te destruya por completo.

​La miró una última vez con un desprecio que pretendía ocultar el hambre que todavía sentía por ella, y la soltó con tal brusquedad que Emma tuvo que sostenerse de la pared para no caer. Noah se dio la vuelta, dejando un rastro de sangre en el aire y un vacío desolador en el pecho de Emma, quien se quedó ahí, temblando, mientras el eco de sus insultos seguía golpeando las paredes.

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