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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 27

Benedict se acercó mucho más, su voz baja pero llena de ironía que cortaba como un reproche, mostrando su propio enojo en la forma en que lo miró directo a los ojos.

—¿Qué te sucede, sobrino? —dijo Benedict—. Te expresas como si fueras un hombre con el ego herido. Lo cual descarto completamente porque no eres de ese tipo. Y porque sé que entre tu y Emma no había otra relación que la de jefe y empleada. ¿No es así?

Noah maldijo en su interior, sentía la sangre hirviendo al oír esa burla disfrazada de comentario, como si Benedict disfrutara viéndolo perder el control.

— Pero cualquiera que te escuchara pensaría que hablas desde el despecho —continuó Benedict—, y no desde la preocupación genuina de que ella me esté usando. Me resulta alarmante que tengas otro tipo de interés, no solo porque esa mujer será mi esposa, sino porque tú eres un hombre casado.

Los puños de Noah se apretaron tanto que las uñas se clavaron en las palmas, el enojo se transformó en una furia ciega que le hacía querer golpear algo, pero se contuvo, respirando hondo para no explotar ahí mismo. Para no exponer que había algo de razón en sus palabras.

—Preocúpate porque tu mujer mantenga ese hijo en su vientre —dijo Benedict—. Preocúpate porque cuide esa maldita lengua venenosa, que de mi prometida me estoy encargando yo. Y si me lo permites, te diré que lo hago en todos los aspectos.

Noah sintió un golpe bajo, la rabia explotando en su mente al imaginarlo.

«mald*to hijo de puta» pensó ¿lo estaba provocando a propósito? El enojo lo cegaba.

—Espero que cuando el abuelo me ponga como el heredero de sus bienes, no haya asperezas entre nosotros —expresó Noah burlón, tratando de recuperar terreno aunque la furia le nublaba el juicio—. Ya que tengo más probabilidades de heredarlo todo ahora que Mariana está embarazada.

Benedict no se inmutó, aunque quería golpearlo luego de como vio el rostro pálido de Emma después de aquella visita.

—Nunca me había interesado en tener hijos —dijo Benedict—, aunque no niego que la forma de crearlos es de mis favoritas. Así que no cantes victoria todavía, que nada está dicho. Tal vez yo sea el primero en darle a mi padre ese varón que tanto está buscando.

—En unas semanas sabremos quién saldrá victorioso —afirmó Noah.

Emma respondió rápido con un "gracias, pero no era necesario" y eso hizo que Benedict ladeara una pequeña sonrisa, guardando el teléfono mientras caminaba por el pasillo. No podía negar que Emma era diferente a las mujeres con las que había estado, a las cuales solía deslumbrar con sus costosos regalos, porque Benedict era así, un hombre que gustaba de mostrar su estatus. Sin embargo, la situación con Emma era diferente, empezando porque era un negocio, y aún así la estaba cubriendo de obsequios y atenciones, algo que lo sorprendía un poco a él mismo.

Guardó su celular y fue directo a su propia oficina, pero su asistente lo interceptó en el pasillo, informándole con respeto que el señor Robert Campbell, el CEO, quería verlo en su oficina de inmediato. Benedict asintió y se dirigió allá, pero al entrar vio a Noah ya adentro, parado con los brazos cruzados y una expresión de enojo que coincidía con la suya al verlo de nuevo tan pronto, la rabia mutua se esparció en el aire como una niebla que los hacía tensarse al instante. Entraron los dos, y una vez frente al escritorio de Robert, él los miró a ambos con seriedad.

—Quiero una cena familiar —dijo Robert—. La forma en que conocimos a Emma no fue la adecuada, y quiero conocerla, que todos lo hagan.

Noah y Benedict se miraron un segundo, el enojo entre ellos aún estaba fresco, pero Robert continuó sin notar o ignorando la tensión.

—Que sea esta noche —agregó Robert.

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