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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 34

El golpeteo constante de los dedos de Noah contra la mesa comenzó a irritar a David desde hacía varios minutos. La sala de juntas de Industrias Campbell era amplia, elegante, con una pared completa de cristal desde la que se veía el distrito financiero. Era domingo por la mañana y la mayoría de los ejecutivos habrían preferido estar en cualquier otro lugar, pero cuando se trataba de cerrar operaciones millonarias, los días de descanso no existían.

Industrias Campbell no era una empresa cualquiera. Era un imperio de inversiones. Capital privado, adquisiciones, fondos estratégicos que movían cantidades obscenas de dinero en distintos mercados. Robert Campbell había construido la empresa durante décadas y ahora tanto Benedict como Noah estaban dentro del núcleo directivo.

Pero en ese momento Noah no estaba pensando en inversiones.

Su mente estaba atrapada en otra cosa.

No podía apartar la vista de la marca rojiza que Benedict lucía en el cuello, un rastro evidente que asomaba por encima del cuello de su camisa. Parecía el rasguño de una fiera, una huella que Benedict ni siquiera se molestaba en ocultar.

Y cuando Carlos, el analista financiero, había hecho un comentario en tono de broma durante el café previo a la reunión, Benedict tampoco intentó negarlo. Simplemente ladeó una sonrisa y ajustó el puño de su camisa, dejando que todos en la mesa asimilaran la situación.

—Somos adultos y nos comprometimos —había comentado con absoluta tranquilidad—. ¿Qué crees que sucede la noche de un compromiso? Se tiene sexo, por supuesto.

Las manos de Noah se habían cerrado en puños debajo de la mesa.

Como si no fuera suficiente tener que asistir a una junta en domingo, tenía que soportar a su tío restregándole que había pasado la noche follando con Emma. David le lanzó una mirada fruncida para que dejara de verse como un idiota desesperado frente a los socios. Observó a su tío con un aborrecimiento que le quemaba las entrañas.

«Maldito Benedict»

La reunión finalmente comenzó. La pantalla encendidas, gráficos proyectados, cifras moviéndose en diapositivas que hablaban de adquisiciones, capital y nuevos proyectos en el mercado asiático.

Noah apartó la vista, obligándose a concentrarse. Pero cada vez que levantaba la cabeza veía a Benedict sentado con la misma calma irritante de siempre, escuchando informes y tomando decisiones como si nada más existiera.

«Maldito Benedict»

El tiempo pasó lentamente.

Cuando la junta finalmente terminó, varios hombres se acercaron a Benedict para felicitarlo por su compromiso y la futura boda.

—Felicidades por su compromiso.

—Escuché que la boda será pronto.

—Buena elección. Si me lo permite decirlo, su prometida es muy hermosa.

Benedict respondió con educación, estrechando manos y agradeciendo los comentarios. Noah se levantó también, pero no se acercó. Sentía la sangre hirviendo bajo la piel.

Secretos 1

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