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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 43

El deseo en la mirada de Benedict era una llama viva que Emma alimentaba con cada pequeño gesto. Aquellos ojos que desde que la conoció parecían estar tristes, ahora estaban nublados por el deseo que ambos compartían.

Al salir del restaurante, el aire fresco de la noche no logró apagar el fuego que habían encendido en el baño. Benedict la detuvo junto a la puerta del auto, sujetándola por la cintura para atraerla hacia él en un beso que sabía a posesión y a una urgencia que ya no pretendían ocultar. Emma se aferró a sus hombros, entregándose a ese contacto que la hacía olvidar el mundo exterior, recorrió con sus delicadas manos la espalda ancha del hombre, apretando ligeramente sus músculos bajo la tela. Hasta que él se separó apenas para abrirle la puerta. Antes de que ella subiera, Benedict dejó que su mano se deslizara con descaro bajo la falda de su vestido acariciando la piel desnuda de su muslo con una sonrisa triunfante, consciente de que no llevaba ropa interior.

​—Podrían vernos, Benedict —reprochó Emma con un susurro que carecía de verdadera convicción, mientras una chispa de picardía brillaba en sus ojos.

​—¿Y qué tiene de malo que tenga un momento apasionado con mi futura esposa? Que miren todo lo que quieran —respondió Benedict con arrogancia, antes de obligarla a subir al auto con un gesto posesivo.

​Durante el trayecto, Emma se mantuvo en silencio, observando el perfil afilado de Benedict bajo las luces de la ciudad. Pensó en Noah por un segundo, pero esta vez el recuerdo de su ex no trajo dolor, sino una indiferencia absoluta. Ya no le importaba si él se había ido con Mariana o si estaban cenando en el mismo lugar.

Que se fueran a la m****a.

Era mucho más entretenido estar allí, en ese auto, con el hombre que realmente sabía cómo tomar lo que quería.

Carajo, de verdad le gustaba.

Le gustaba su seguridad, su oscuridad y la forma en que la hacía sentir el centro de su universo personal. No sabía que rumbo estaba tomando ella en esa falda relación, pero el revoloteo que ese hombre le causaba estaba presente y ya no podía negarlo.

​Mientras tanto, en el restaurante, Noah era la viva imagen de la frustración. Bebía con una rapidez peligrosa, con la mirada fija en la puerta por la que su tío acababa de salir. Mariana, que no perdía detalle de su comportamiento, comenzó a sentirse irritada por esa falta de atención. Sumado al nerviosismo de lo que estaba por ocurrir si es que ese mesero le había dado a Emma lo que ella ordenó.

​—¿Por qué últimamente pareces tan afectado cada vez que estamos cerca de tu tío, Noah? ¿O es que acaso esta actitud es por Emma? —preguntó Mariana, entornando los ojos con sospecha mientras jugueteaba con su copa. Las mujeres solían ser más perceptivas y esa actitud de su esposo ya no le agradaba nada.

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