Había una lista larga con las razones que Emma tenía para odiar a Noah, y la escena en la oficina con Mariana era la que encabezaba esa lista sin ninguna duda. El sentimiento de ver al hombre que amaba follando con otra no era comparable con nada; la había destruido de mil maneras, rompiendo cada fibra de la confianza que construyó durante meses. La humillación creció cuando Noah ni siquiera se tomó la molestia de explicarle nada, ni de pedir un perdón que, aunque no borrara lo hecho, al menos le habría servido para comprender que él simplemente no la amaba y se había equivocado. Pero Noah ni siquiera se veía arrepentido. ¿Cómo lidiaba entonces con una persona que la traicionó y ni siquiera buscó la manera de enmendarlo? Emma se sintió pequeña en su momento, llena de un resentimiento y un dolor que pensó que no mermaría nunca. Por qué no había forma de repararlo y ya no podría volver a confiar en las personas. Sin embargo, habían pasado solo dos meses desde su traición y, lejos de querer sentarse a llorar en un rincón, Emma lidiaba ahora con nuevas emociones. No era solo el embarazo o el miedo a perder a su bebé; eran esas nuevas sensaciones que le provocaba Benedict, una mezcla de protección y deseo que la descolocaba. Emma pensó incluso que tal vez nunca amó a Noah de verdad, que solo lo estaba idealizando porque él se había mostrado como alguien que no era. Ahora el repudio que sentía al verlo frente a ella era más grande que cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes.
Porque Noah no conforme con el daño que le había causado, se sentía con el derecho de pedirle explicaciones.
Por eso, cuando le escuchó exponer su duda sobre su paternidad, sus ojos ardieron de rabia, pero una sonrisa irónica se expandió en sus labios con una frialdad que la sorprendió a ella misma. ¿Por qué carajos le importaba ahora? ¿En qué cambiaba el que lo supiera si él ya esperaba un hijo con Mariana y se había encargado de pisotear todo lo que tuvieron? La audacia de Noah para reclamar un lugar en su vientre después de haberla desechado como basura era algo que Emma no pensaba tolerar.
—No puedo creer que seas tan narcisista para pensar que todo sigue siendo sobre ti —dijo Emma elevando el mentón con orgullo—. Y aunque yo no tengo pro que darte explicaciones de nada, hay algo que quiero que sepas, Noah. Mi hijo no es un accidente. Yo planeé darle un hijo a Benedict porque él es el hombre que realmente quiero a mi lado. No hay forma de que este hijo sea tuyo, ni en tus sueños más retorcidos.
Noah apretó los puños con tanta fuerza que hizo que Emma tragara con dificultad. La vena de su cuello se marcó por la furia contenida al escuchar cómo ella lo descartaba con tanta facilidad en favor de su tío.
¿Dónde estaba la mujer que se llenaba la boca diciendo que lo amaba?
—¡No mientas! —gritó Noah, dando un paso agresivo hacia ella y Emma retrocedió dos—. ¡Bien podría ser mío! ¿Cómo puedes estar tan segura si follabas con ambos al mismo tiempo? Eres una cínica si pretendes hacerme creer que cambiaste de cama de un día para otro sin que las fechas se cruzaran.
¡Hijo de puta!

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