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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 56

Mariana sentía que el corazón le martilleaba contra las costillas con una fuerza que amenazaba con dejarla sin aire mientras esperaba en la fría sala de la clínica. Sus manos, perfectamente cuidadas, estrujaban el borde de su bolso de diseñador con un nerviosismo que no lograba ocultar, a pesar de las capas de maquillaje y su postura rígida. No era miedo por la salud de la criatura lo que la mantenía en vilo, sino la incertidumbre del resultado de su propia red de mentiras. Sabía que su posición en la familia Campbell dependía enteramente de lo que el médico dijera en los próximos minutos. Noah estaba sentado a su lado, luciendo una calma tensa, con la mandíbula apretada y la mirada perdida en algún punto de la pared blanca. Cuando el doctor finalmente entró en el consultorio con una carpeta en mano, el silencio se volvió tan denso que Mariana tuvo que obligarse a respirar con normalidad para no delatarse.

​—Bien, Mariana, vamos a ver cómo va todo hoy —dijo con una voz profesional mientras preparaba el equipo de ultrasonido.

​Ella se recostó en la camilla, sintiendo el gel frío sobre su vientre, un contacto que la hizo estremecer. Noah se acercó un poco más, observando la pantalla con curiosidad y ambición que no podía disimular. El doctor comenzó a mover el transductor, buscando la imagen nítida entre las sombras grises y blancas que aparecían en el monitor. El sonido rítmico del latido del bebé llenó la habitación, pero Mariana apenas lo escuchaba; solo podía pensar en la llamada que había hecho la noche anterior.

​—¿Es posible saber ya el sexo? —preguntó Noah, rompiendo el silencio con una voz cargada de impaciencia.

​—A veces en esta etapa es complicado por la posición, si no se deja ver podemos recurrir a una prueba de sangre para estar totalmente seguros —respondió el médico sin despegar la vista de la pantalla.

​Mariana apretó los párpados, rezando internamente para que el hombre recordara el trato. Sus nervios estaban a flor de piel, y el sudor frío comenzaba a perlar su frente. El médico hizo un ajuste en la imagen, guardó silencio durante unos segundos que parecieron horas y luego soltó un suspiro ligero, como si acabara de confirmar algo obvio.

​—No será necesario esperar a la sangre, ya se deja ver con claridad. Felicidades, es un varón —anunció el doctor, señalando un punto borroso en la pantalla que para Noah fue como ver una barra de oro.

​Mariana soltó todo el aire que tenía contenido en un sollozo de alivio y emoción. Sus nervios se disiparon en un segundo, reemplazados por una satisfacción triunfal que la hizo sonreír de oreja a oreja. Se sentía invencible; tenía el heredero varón, el boleto dorado que la mantendría en la cima del imperio Campbell. Noah, por su parte, sintió una descarga de adrenalina al escuchar la noticia. Era lo que necesitaba para asegurar su lugar frente a su abuelo. Sin embargo, en un rincón oscuro de su mente, la imagen de la bebé de Emma apareció sin invitación. Se imaginó a esa niña, fruto de la traición de su tío, y sintió una punzada de rabia. Aun así, amplió una sonrisa forzada y se inclinó para darle un beso a Mariana en la frente, un gesto que ella recibió como una condecoración.

​El regreso a la mansión fue un desfile de arrogancia por parte de Mariana. Entraron justo cuando todos estaban sentados en el comedor, un momento perfecto para soltar la bomba. Robert estaba a la cabecera, a su lado derecho Catalina y Angélica, mientras Benedict y Emma compartían el lado opuesto de la mesa en un silencio tranquilo que Mariana estaba a punto de destruir.

​—¡Robert, tenemos noticias maravillosas! —exclamó Mariana, sin siquiera esperar a sentarse—. Acabamos de volver del médico y está confirmado. Estoy esperando un varón. Un nuevo heredero Campbell viene en camino.

​El anuncio cayó sobre la mesa como un balde de agua helada para algunos. Robert dejó sus cubiertos de inmediato, y aunque una chispa de interés brilló en sus ojos, lo primero que hizo fue observar el semblante de Mariana con una seriedad que la descolocó un poco.

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