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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 65

Emma no quiso detenerse ni un segundo a escuchar lo que ese hombre tenía que decir. Trató de pasar de largo, fingiendo que él era un fantasma o una mancha en el decorado del lujoso salón, pero Noah no estaba dispuesto a permitir que lo ignorara. Antes de que ella pudiera dar dos pasos más hacia la seguridad de la fiesta, él le tomó la muñeca con una fuerza desmedida, tirando de ella con un movimiento brusco que la hizo chocar contra su pecho. Emma sintió el impacto y el aroma del alcohol que emanaba de su aliento, una mezcla de whisky y desesperación que le revolvió el estómago. Intentó zafarse de inmediato, clavando sus uñas en la mano de él, pero Noah cerró el agarre con más saña, sus dedos hundiéndose en su piel delicada.

​—Suéltame ahora mismo, Noah. No me toques —le exigió ella, con una voz que temblaba de furia contenida, evitando mirarlo directamente.

​—Qué fácil te olvidaste de mí, ¿verdad? —le reclamó él, acercando su rostro tanto que Emma tuvo que voltear la cara con asco para no sentir su respiración sobre su piel.

​—Eres un maldito imbécil —respondió Emma con un rencor que le quemaba la garganta. Verlo ahí, ebrio y patético en el día de su boda, solo aumentaba el desprecio que sentía por él.

​Noah soltó una carcajada amarga y cargada de veneno, una burla que resonó en el pasillo solitario. No la soltó; al contrario, usó su otra mano para tomarla con fuerza de la cintura, pegándola a él sin importarle el vestido de novia ni el lugar donde estaban. Sus ojos estaban inyectados en sangre, nublados por el alcohol y una envidia que lo estaba consumiendo vivo desde que entró a la iglesia.

​—Nadie creería que eres la mujer dulce que decía amarme sobre todas las cosas. ¿O ya se te olvidó cómo lo expresabas? —dijo Noah, apretando su agarre—. Ahora vas de gran señora, pero todos sabemos que solo eres una arribista que saltó de mi cama a la de mi tío.

​Emma sintió que la sangre le hervía. Trató de empujarlo, de liberar su cuerpo de ese contacto que le resultaba repulsivo, pero la fuerza de Noah, potenciada por la embriaguez, era inútil de combatir. Lo miró entonces con todo el desdén que pudo reunir, dejando que sus palabras salieran como puñales.

​—Lo fui. Te amé demasiado y de una forma irracional y estúpida, pero eso fue antes de descubrir que eras un cobarde. Tú tenías a Mariana, tú elegiste casarte con ella mientras me usabas, y en cuanto me di cuenta de la clase de basura que eres, decidí estar con Benedict. Él sí es un verdadero hombre, no un niño malcriado que se esconde tras su apellido. ¿Qué querías, Noah? ¿Que sufriera siempre por ti? ¿Que te llorara a mares mientras tú te casabas y te follabas felizmente a Mariana? Ahora lárgate de aquí y suéltame o voy a gritar tan fuerte que todo el salón vendrá a ver cómo tratas a la esposa de tu tío.

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