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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 70

Robert cruzó el umbral del salón de fiestas con el rostro transformado en piedra. Ignoró el murmullo de los invitados que aún charlaban comodamente en las mesas y se dirigió directamente a la habitación privada donde Emma permanecía refugiada. Dentro, el ambiente era asfixiante. Emma estaba sentada en un rincón, con el vestido de novia extendido a su alrededor como una mancha de nieve sucia; se sentía miserable, con el maquillaje arruinado y el corazón latiéndole con una fuerza irregular. Noah había conseguido lo que quería: destruir el único recuerdo bello que ella esperaba conservar de ese día. No importaba que la boda fuera un contrato; ella había querido, por un instante, creer en la belleza del ritual, pero su ex lo había convertido en un campo de batalla lleno de sangre y humillación.

​Benedict estaba de pie junto al ventanal, de espaldas a la puerta, sosteniendo un vaso de whisky con una fuerza que amenazaba con romper el cristal. Había decidido dejarla tranquilizarse, permitir que se estabilizara para luego volver a la fiesta, porque estaban equivocados si creían que podían arruinar un día como ese.

Bebía con lentitud, dejando que el alcohol le quemara la garganta, usando ese ardor para contener el impulso de ir a buscar a su sobrino y terminar de destrozarle la cara hasta sentirse satisfecho. Cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta y entraba sin esperar invitación, ni siquiera se giró. Sabía que era su padre.

​—Quizá no les parezca el momento más prudente, pero no me voy a ir de aquí hasta escuchar la versión de Emma —dijo Robert, su voz resonando con una autoridad que hizo que Emma se tensara de inmediato.

​Benedict elevó una ceja, girándose finalmente para encarar a su padre con una mirada cargada de fastidio.

​—Creí haber sido lo suficientemente claro allá afuera, papá. Te dije que Noah forzó a Emma a besarlo y por eso tuve que golpearlo. No hay más que discutir —respondió Benedict, dejando el vaso sobre una mesa lateral con un golpe seco.

​—No dudo de lo que viste, Benedict. Lo que quiero no es la razón por la que golpeaste a mi nieto, sino la historia completa de lo que ocurrió entre ellos dos antes de llegar a ese pasillo. Quiero saber qué los une —insistió Robert, clavando sus ojos en Emma, quien sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

​Emma buscó desesperadamente la mirada de Benedict. Estaba aterrada. Vivían de una mentira tras otra, y la sola idea de que Robert descubriera que la bebé que llevaba dentro no era de su hijo, sino de ese nieto al que tanto despreciaba en ese momento, la hacía querer desaparecer. Benedict, notando el pánico de su esposa, dio un paso al frente, interponiéndose entre su padre y ella.

​—¿Qué carajos es esto? ¿Por qué estás armando un interrogatorio aquí mismo? Es nuestra noche de bodas, por si lo has olvidado —reclamó Benedict, su voz subiendo de tono.

​—Dime una sola cosa, Emma. ¿Tuviste algo que ver con mi nieto Noah antes de todo esto? —soltó Robert, ignorando a su hijo y dirigiéndose directamente a la joven.

​Benedict soltó una risotada carente de toda gracia, una expresión de puro desprecio.

​—Es el colmo, papá. Es increíble que después de ver cómo ese imbécil la agredió, vengas aquí a cuestionar a mi esposa. ¿Qué pasa si ella responde que sí? ¿Qué pasa si Emma confirma que en el pasado tuvo algo que ver con Noah? ¿Crees que eso justifica que la acose y la force en su propia boda? ¿Vas a empezar a cubrirlo y a abogar por él solo porque comparten sangre? —escupió Benedict, desafiando a su padre con una agresividad que rara vez mostraba.

​—Entonces es cierto —murmuró Robert, buscando una respuesta en el silencio de Emma.

​—No seas tan insensible para alegrarte de algo así, Benedict. Es tu sobrino el que está sufriendo —le recriminó Robert al notar la expresión de su hijo.

​—¿Qué? ¿Quieres que finja empatía? Pues siento decepcionarte nuevamente, padre, pero me da gusto. Me da un gusto inmenso porque esos dos no merecen volverse padres nunca. Son personas despreciables y el mundo está mejor sin un heredero de esa calaña —soltó Benedict con una crueldad que hizo que Emma se estremeciera.

​—¡Benedict! Te prohíbo que te expreses de esa forma de tu propia sangre —gritó Robert, dando un paso hacia él.

​—¡Y yo te prohíbo que dudes de MI MUJER! —le regresó el grito Benedict, enfatizando en "mi mujer" acercándose tanto a su padre que una vena empezó a marcarse con fuerza en su frente—. Y le prohíbo a él que se le vuelva a acercar a ella. ¡Estoy harto! Estoy harto de tu nieto, estoy harto de ti y de tus putas condiciones para heredar esta maldita empresa que yo mismo me he encargado de sacar a flote mientras tú te dedicabas a consentir a ese inútil.

​Robert se quedó mudo ante la explosión de su hijo, viendo cómo el control que Benedict siempre presumía se había evaporado por completo.

​—Deja de defenderlo, papá. Abre los ojos de una buena vez y mira el monstruo que has criado. Mientras Noah viva bajo tu techo, a mí no volverás a verme. Elige bien, porque mi paciencia se terminó hoy —sentenció Benedict, tomando la mano de Emma con una firmeza que dolió, arrastrándola hacia la salida de la habitación y dejando a Robert solo en medio del desastre de su propia familia.

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