Entrar Via

Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 83

Emma marcó el número de su madre con los dedos temblorosos, sintiendo que el teléfono pesaba una tonelada. En cuanto Angélica respondió, la voz de Emma salió como un hilo roto, llena de angustia. Le explicó que Benedict había tenido un accidente y que estaba en el hospital; Angélica no perdió el tiempo en preguntas innecesarias, anotó la dirección y le aseguró que salía para allá de inmediato. Emma colgó y se hundió en el asiento trasero del auto, con el rostro transparente y una punzada aguda perforándole el pecho. Sentía la boca seca, como si hubiera tragado arena, y el trayecto por las avenidas de Los Ángeles se le antojó eterno, una tortura de semáforos y tráfico que solo alimentaba el nudo asfixiante en su garganta. Si algo le pasaba a Benedict, si ese hombre que se había vuelto tan necesario en su mundo de forma tan abrupta y oscura llegaba a faltar, ella se desmoronaría. No quería pensar en ello, pero la sola idea de perderlo la desestabilizaba por completo.

​Al llegar al hospital, Emma bajó del auto casi antes de que se detuviera. Entró a la recepción con el corazón martilleando contra sus costillas y avisó que era la señora Campbell. La eficiencia del apellido se hizo notar de inmediato; la llevaron a una sala de espera privada donde los minutos se sentían como horas. No pasó mucho tiempo antes de que Angélica y Catalina aparecieran por el pasillo, con rostros tensos pero decididos. Al ver a su hija tan pálida, Angélica se acercó a ella rápidamente.

​—¿Qué te han dicho, Emma? ¿Cómo está él? —preguntó Angélica, tomando a su hija por los hombros para obligarla a centrarse.

​—Lo poco que sé es que hubo un accidente... dijeron que estaba inconsciente cuando lo trajeron. No sé nada más, mamá, nadie sale a decirme si despertó —respondió Emma, sintiendo que las lágrimas estaban a punto de desbordarse de nuevo.

​Angélica la llevó a que se sentara en uno de los sillones de cuero, mientras Catalina le tomaba las manos con una calidez protectora. La anciana empezó a hablarle en voz baja, ayudando a Emma a respirar con tranquilidad, recordándole que alterarse de esa manera no era bueno para la bebé. Ya mucho había pasado en ese embarazo como para sumar un riesgo más por el estrés.

​—¿Ya sabe Robert? —preguntó Angélica, analizando la situación con la mente fría.

​Emma negó con la cabeza, dándose cuenta de que en su pánico no había pensado en avisar a la oficina. Angélica asintió y se alejó un poco para marcarle a Robert, dejando a Emma bajo el cuidado de Catalina. Tras una breve y directa conversación con su consuegro para informarle de la situación, Angélica regresó al lado de su hija justo cuando un médico de bata impecable se acercaba a ellas.

​—¿Familiares del señor Campbell? —preguntó el doctor.

​—Soy su esposa —dijo Emma, levantándose de un salto.

​—Tranquila, señora Campbell. Su esposo está bien. El golpe fue lo que le hizo perder la conciencia, pero ya ha despertado y se encuentra estable. Le haremos unos estudios más, una placa para descartar cualquier anomalía interna, y una vez que confirmemos que todo está en orden, veremos cómo prosigue el tratamiento. Pero por ahora, está fuera de peligro. Puede pasar a verlo un momento.

​Emma sintió que el alma le regresaba al cuerpo. Siguió al médico por el pasillo hasta una habitación privada y, apenas entró, el llanto que había contenido estalló. Benedict estaba recostado, con un vendaje en la sien y el rostro algo pálido, pero sus ojos grises estaban abiertos. Emma se lanzó a sus brazos, rodeándolo con cuidado de no lastimarlo, hundiendo su rostro en el hueco de su cuello. Benedict, aún un poco consternado por la confusión del impacto, frunció un poco el ceño al sentir el calor de su esposa. Cuando despertó, lo primero que cruzó por su mente fue ella. A él no le importaba su propia integridad; su único pensamiento antes de perder el conocimiento fue Emma y la bebé que aún no conocía.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Atada a un Hombre Mayor