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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 86

Dos semanas después del accidente

El consultorio tenía cierta paz que Benedict Campbell ya no soportaba. Estaba sentado en el borde de la camilla mientras el médico retiraba con cuidado los últimos restos de la curación en su sien, revisando la piel que había cerrado con una limpieza asombrosa. El doctor asintió con satisfacción, guardando sus instrumentos mientras le confirmaba lo que Benedict llevaba días exigiendo escuchar: la herida había sanado correctamente y ya no había riesgos neurológicos. Finalmente, podía retomar su vida normal y dejar de fingir que el descanso era algo que disfrutaba.

​—Está como nuevo, señor Campbell. Puede volver a sus actividades, siempre que no reciba otro golpe de esa magnitud en los próximos meses —indicó el médico con una sonrisa profesional.

​A Benedict le agradó saberlo. Aunque había estado trabajando desde casa, y cerrando contratos a través de pantallas, la falta de presencia física en la empresa lo tenía de un humor insoportable. Pero ahora, el camino estaba despejado para tomar su puesto como CEO de Industrias Campbell. Emma, que lo acompañaba sentada en una silla cercana, soltó un suspiro de alivio que iluminó su rostro. Benedict la miró y, sin importarle la presencia del médico, la tomó de la mano para ayudarla a levantarse. Para celebrarlo, decidió llevarla a comer a uno de sus lugares favoritos.

​Dentro del auto, mientras el chófer manejaba con una prudencia exagerada, Benedict se giró hacia ella. Emma llevaba un vestido de seda que se ajustaba con suavidad a su figura, y fue en ese momento, bajo la luz directa del sol que entraba por la ventanilla, cuando Benedict se dio cuenta de que su vientre era ahora visible. Ya no era solo una sospecha; la redondez era evidente, una pequeña colina que transformaba su silueta y la hacía ver más hermosa y más suya. Benedict extendió la mano y acarició la zona con delicadeza, misma que solo reservaba para ella, sintiendo el calor que emanaba de su piel. Se acercó y la besó con ternura y posesividad, consciente de que ese pequeño bulto pronto sería aun más grande.

​Dos días después, el ambiente en la sala de juntas de la empresa era expectante. Robert estaba de pie al frente, rodeado por los ejecutivos más importantes, mientras Noah y David observaban desde sus asientos. Robert tomó la palabra sin que su voz temblara, anunciando oficialmente que se retiraba de la presidencia activa y que, a partir de ese segundo, su hijo Benedict asumía el mando absoluto de Industrias Campbell. Noah sintió que la sangre le hervía; estaba furioso, con los puños apretados debajo de la mesa. No entendía por qué carajos El Ruso no había matado a Benedict todavía; el plan era simple: si su tío moría, Robert no tendría más opción que ascenderlo a él, convirtiéndolo en el único heredero legítimo. Emma volvería a sus brazos al darse cuenta de que él era el nuevo dueño de todo el imperio y todo sería como antes.

​Sin embargo, Noah tuvo que tragarse su rabia. Se puso de pie y aplaudió, fingiendo una satisfacción cínica que no sentía.

​—Felicidades, tío. Nadie mejor que tú para este puesto —dijo Noah con una sonrisa falsa que Benedict no creyó real.

​Como parte de los cambios, Noah también fue ascendido a Director General, ocupando el puesto que Benedict dejaba vacante. Pero eso no le alegraba en absoluto; sabía perfectamente que la única razón por la que había subido de peldaño era porque su tío ya no estaba en ese nivel. Era un ascenso por descarte, no por mérito, y eso golpeaba su ego de forma brutal. Al salir de la junta, su teléfono vibró con una notificación del banco: un gasto enorme había sido reflejado, era una cantidad de dólares exagerada que hizo que se le nublara la vista de coraje.

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