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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 89

Emma soltó un jadeo roto cuando las manos de Benedict, grandes y posesivas, subieron desde su vientre hasta sus pechos, apretándolos con una urgencia que le cortó la respiración. La tela del vestido era un obstáculo que él parecía despreciar mientras hundía sus dedos en la carne sensible, marcando su territorio con cada presión. Benedict no se detuvo, su cuerpo imponente la mantenía aplastada contra la pared del pasillo, y Emma podía sentir la dureza de su deseo golpeando contra su vientre. El calor que emanaba de él era sofocante, una promesa de destrucción y placer que la hacía temblar de pies a cabeza. Benedict bajó el rostro y capturó su cuello entre sus dientes, mordiendo con la fuerza justa para arrancarle un gemido que resonó en el pasillo vacío. Uno que él disfrutó sin duda.

​—Benedict... para... alguien puede vernos —susurró Emma, aunque sus manos, traicioneras, se enredaban en el cabello de él para atraerlo más cerca.

​—Que miren. Que todo el maldito mundo sepa que eres mía —respondió Benedict contra su piel, su voz sonando como un rugido.

​No hubo más espacio para las palabras. Benedict levantó la falda del vestido de Emma con un movimiento brusco, revelando sus piernas y la ropa interior que había querido arrancarle desde la consulta. Emma jadeó de nuevo, sintiendo el aire frío del pasillo en su intimidad antes de que el calor de la mano de Benedict la reclamara. Él no fue sutil; buscó su centro con dedos expertos, frotando y presionando hasta que Emma tuvo que echar la cabeza hacia atrás, golpeando la pared, con los ojos cerrados por la intensidad de la sensación. La tensión entre abrumadora, pero así mismo excitante, era como una mezcla de rabia acumulada por los secretos y una devoción oscura que solo ellos entendían.

​Benedict se deshizo de su propio pantalón con una mano mientras con la otra mantenía a Emma sujeta por la nuca, obligándola a mirarlo. Sus ojos grises eran tormentas eléctricas, cargados de una necesidad que iba más allá de lo físico. La levantó con un solo brazo, enganchando una de sus piernas alrededor de su cintura para abrirle paso. Emma se aferró a sus hombros, sintiendo los músculos tensos de Benedict bajo sus palmas.

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