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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 94

Emma decidió no interrumpir; se apartó en silencio, sintiendo que sus pies apenas tocaban el suelo mientras retrocedía hacia la penumbra del pasillo. Desde su escondite, observó cómo Robert se acercaba aún más a Catalina, acortando el último rastro de aire que los separaba. Catalina cerró los ojos, entregándose a la inercia de un sentimiento que había estado contenido durante décadas, esperando que los labios de aquel hombre sellaran por fin el tiempo perdido. Sin embargo, antes de que el contacto ocurriera, el sonido seco de los zapatos de Benedict se escuchó bajando la escalera con paso firme.

​Ambos se apartaron con una rapidez eléctrica, recuperando la compostura justo cuando Benedict entraba en la sala. Él se había quitado la corbata y traía los primeros botones de la camisa desabrochados; la ausencia de Noah en la oficina le estaba pasando factura, cargándolo con una montaña de reuniones pospuestas y clientes exigentes que solo querían hablar con la cabeza de la empresa. Benedict saludó a su padre con un apretón de manos firme, notando apenas la agitación en el rostro de Catalina.

​—Me da gusto que nos visites, Robert. Te ves cansado —dijo Benedict, pasando un brazo por los hombros de Emma para atraerla hacia él.

​—Tienes una casa muy hermosa, hijo. Se nota que han puesto esmero en cada rincón —respondió Robert, tratando de que su voz no temblara después del momento de tensión que acababa de vivir.

​Pasaron al comedor para la cena. Benedict se sentó en la cabecera, con Emma a su derecha y su padre a su izquierda. Angélica se acomodó junto a Catalina, quien evitaba a toda costa cruzar la mirada con Robert, concentrándose excesivamente en el despliegue de los platos sobre la mesa. La cena transcurrió bajo una atmósfera de cortesía forzada, interrumpida solo por el tintineo de los cubiertos contra la porcelana. Robert les agradeció la invitación, admitiendo que estaban siendo días sumamente complicados en la mansión Campbell.

​—Mariana todavía no despierta. Los médicos dicen que su estado es estable dentro de la gravedad, pero nadie sabe con certeza cómo ocurrió el accidente. Solo nos queda esperar que todo vaya bien cuando recupere la conciencia —explicó Robert, con un tono de voz apagado.

​Benedict guardó silencio un momento, analizando las palabras de su padre mientras cortaba un trozo de carne. Había algo que no terminaba de encajarle.

​—¿Y cómo se siente Noah con todo esto? —indagó Benedict, fingiendo una curiosidad casual.

​En su mente, el accidente de Mariana le parecía cada vez más extraño. No terminaba de creer que una simple caída por las escaleras terminara en un cuadro tan trágico, con un traumatismo craneal y una lesión de columna tan severas. O quizá solo era su mente sospechando de todo lo que venía de su sobrino, pero el instinto le decía que en esa caída había más de lo que Robert alcanzaba a ver.

​—La pobre mujer está deshecha, Angélica. No ha dejado de llorar desde que pasó; Mariana es lo único que tiene en el mundo y está aterrada —respondió Robert, cortando las especulaciones de su suegra con seriedad.

​La cena terminó y Robert se preparó para marcharse. Emma, sintiendo empatía por la soledad que su suegro enfrentaba, le dijo que era bienvenido a quedarse en una de las habitaciones de huéspedes si no quería volver a esa casa vacía. Robert sonrió con gratitud, pero negó con la cabeza mientras lanzaba una mirada rápida a Catalina.

​—Te lo agradezco, Emma, pero no creo conveniente que yo me quede aquí mientras Altagracia está sola allá. No quiero causarle un malestar innecesario a Catalina —dijo Robert, dejando entrever que sabía perfectamente que su presencia allí incomodaría a la mujer que amaba.

​Por otro lado, Altagracia era una mujer bella y varios años más joven que Catalina, lo que hizo que la abuela apretara los puños sobre su regazo, sintiendo una punzada de celos que no supo cómo ocultar. Robert se despidió de todos y salió de la casa, dejando tras de sí un silencio denso y una Catalina que se quedó mirando la puerta cerrada con el corazón dividido.

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