Entrar Via

Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 99

Angelica no mostró duda cuando separo los labios y sacó la lengua para lamer la punta. Su glande estaba humedecido por aquella gota de preseminal que ella retiró con la lengua. Separó más los labios y comenzó a succionar, mientras el hombre cerraba los ojos ante las sensaciones indescriptibls que recorrían su cuerpo. Era una puta experta. Le tomó de la cabeza y se hundió con fuerza dentro de ella, viendo como gustosa recibía las potentes embestidas en su boca. Su coño goteaba y punzaba y él estaba disfrutando de follarle la boca. Hasta que no pudo más y entonces se retiró antes de correrse.

El Ruso la tomó por las caderas y la obligó a girarse, quedando Angélica de rodillas sobre el sofá de cuero frío. El contraste de la temperatura contra sus muslos le provocó un escalofrío que recorrió toda su espalda, pero el calor que emanaba del hombre detrás de ella era mucho más potente. Angélica hundió el rostro en los cojines, jadeando, sintiendo cómo la adrenalina se mezclaba con un deseo que creía muerto. Tenía tanto tiempo sin sentirse así, tan deseada, tan reclamada por un hombre que no buscaba nada más que su cuerpo como pago. Lo había olvidado por completo. En medio de los jadeos, su mente voló hacia los años de miseria y deudas que la habían consumido. Jamás se había creído una buena madre; estaba segura de que Emma era una mujer íntegra y buena gracias a la formación de Catalina, no a la suya. Emma merecía mucho más de lo que ella pudo darle como mamá, y en ese mar de desesperación económica, Angélica se había olvidado de que era mujer, de que tenía piel y necesidades, ahogada por el miedo constante de no tener un techo sobre sus cabezas.

​Cuando Noah apareció en la vida de su hija, Angélica no vio a un hombre, vio un salvavidas. Era el partido excelente, el heredero de una fortuna que aseguraría que Emma jamás tuviera que preocuparse por deberle a la sociedad, por ser echada de un lugar por falta de pago o por quedarse a oscuras porque cortaron la electricidad. Se había aferrado a la idea de una vida mejor para su hija con una tenacidad feroz. Emma lo merecía, y ella estaba dispuesta a todo para que su hija no terminara como ella, marchita y asfixiada por los números rojos. Un golpe seco la trajo de vuelta al presente. El Ruso le asestó un azote sonoro en una de sus nalgas, dejando la marca roja de su mano grabada en su piel.

​—No te me pierdas, Angélica. Estás conmigo —gruñó el Ruso con esa voz profunda que la hacía vibrar por dentro.

Sus manos grandes acariciaron sus glúteos antes de dejar caer su verga entre las nalgas de ella. Angélica sintió cómo la deslizaba de arriba abajo sin penetrarla, un roce tortuoso que la hacía suplicar por más. El roce de la punta contra su entrada, que estaba empapada, la hacía temblar. Entonces escuchó el sonido metálico del envoltorio de un condón al abrirse; el ruido rasposo la hizo tensarse, recordándole la frialdad del trato. El Ruso se lo puso con una calma desesperante mientras sus ojos no se apartaban de la espalda arqueada de Angélica. Sin aviso previo, sin ninguna advertencia, el hombre se hundió en ella de una sola estocada, llenándola por completo y arrancándole un grito que resonó en todo el penthouse.

​—Joder... —jadeó Angélica, aferrándose al cuero del sofá con las uñas mientras sentía que el aire se le escapaba de los pulmones.

​—Grita todo lo que quieras, nadie va a venir a salvarte de mí —le susurró él al oído, hablando sucio mientras comenzaba a moverse con una fuerza que la sacudía entera—. Eres una zorra muy valiente por venir aquí sola, Angélica. Me encanta lo mucho que me aprietas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Atada a un Hombre Mayor