Como era probable que necesitara su ayuda más tarde, Lucía definitivamente tenía que aceptar el gesto para quedar en buenos términos.
El abuelo Fuentes ya los esperaba en la sala. Al verlos llegar agarrados del brazo, se tranquilizó bastante y le pidió al mayordomo que sirviera la comida.
—Lucía, prueba la carne, la preparé yo mismo.
El abuelo Fuentes cortó un trozo de carne bien cocinada y se lo sirvió.
Lucía acercó su plato con ambas manos—. Gracias, abuelo.
—No tienes por qué agradecerme.
Rodrigo le sirvió a Lucía medio plato de caldo de pavo con calabaza.
—Gracias —dijo Lucía.
El abuelo Fuentes fulminó a Rodrigo con la mirada, pero se contuvo de hacer un coraje por respeto a la presencia de Lucía.
La comida transcurrió bastante bien.
Antes de levantarse de la mesa, Rodrigo notó de reojo que ella no había tocado la carne.
Después de comer, Martina Castillo, la madre de Rodrigo, apareció justo a tiempo. Ella vivía en la casa de enfrente, mientras que el abuelo residía en la parte de atrás.
—Lucía, quiero platicar contigo —dijo Martina con tono elegante.
—Claro —asintió Lucía—. ¿Platicamos aquí?
—Vamos al jardín trasero.
—Está bien.
Lucía abrió el chat de WhatsApp de Rodrigo.
[¿Podrías traerme un saco al jardín trasero?]
[Gracias.]
Martina siempre había sido muy unida a Teresa Aguirre, la madre adoptiva de Lucía, y para ella, la candidata ideal para casarse con su hijo era Cecilia Esquivel, la hija biológica de Teresa.
Ya antes Martina le había llamado la atención a Lucía, y ella no lo había olvidado. Sabía que en aquel entonces quejarse solo le habría traído problemas y que no podía dejar caer su fachada de niña buena frente a la familia.
Martina palideció. Se puso de pie rápidamente. Le tenía pavor a su hijo y por eso había escogido el jardín trasero, sin imaginar que él la iría a buscar hasta ahí.
—Rodrigo.
Rodrigo notó la cara de aflicción de Lucía y luego clavó una mirada gélida en Martina—. Señora Castillo, se lo digo de una vez: nadie se mete con Lucía.
A Lucía le zumbaron los oídos. Su esposo sí que se estaba tomando en serio su papel.
Martina perdió la compostura y se apresuró a explicarse: —Rodrigo, solo me preocupa que trabajes demasiado, por eso quería convencer a Lucía de que tengan un hijo pronto.
—No tiene caso presionarla —la cortó Rodrigo con frialdad—. Tener hijos es decisión mía. Arrinconar a su nuera a mis espaldas no es algo propio de una buena suegra.
A Martina le tembló el párpado y apretó los puños a sus espaldas.
—Yo decido sobre ese tema. Y ni siquiera piense en tres meses, no planeo tener hijos en los próximos tres años.
Los labios de Martina perdieron el color—. Rodrigo.
El rostro de Rodrigo se mantuvo inexpresivo—. De ahora en adelante, no busque a mi esposa a solas si yo no estoy presente.

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