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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1323

—¿Te vas a quedar a dormir esta noche? Ahorita que regresemos te preparo una habitación.

No era la primera vez que Agustín se quedaba en la Villa Ortiz; la familia siempre tenía un cuarto de invitados listo para él.

—Está bien, solo muéstrame dónde es, yo la arreglo.

Agustín no quería que Cecilia se cansara más.

Con la boda de Raúl en estos últimos días, ella ya había trabajado demasiado.

Preparar la habitación en realidad no era pesado; a lo mucho, consistía en tender las sábanas y acomodar las mantas.

Pero si Agustín quería hacerlo él mismo, a Cecilia no le molestaba.

Cecilia lo acompañó a la casa y él se encargó de arreglar el cuarto.

Ella solo le echó una mano.

Con solo ver cómo estiraba las sábanas y acomodaba la funda del edredón, se notaba lo exigente y perfeccionista que era Agustín.

No dejó ni una sola arruga en la cama.

Una vez que terminó, Cecilia se fue a dormir la siesta.

Necesitaba descansar, pues no había dormido bien en todos esos días de fiesta.

Aunque Agustín ya estaba de vacaciones, seguía revisando pendientes de trabajo en su teléfono.

Cecilia sentía cierta admiración por la disciplina del hombre.

Cuando Cecilia despertó, Agustín ya había terminado de descansar y ambos se sentaron a platicar en el patio.

Josefina y Miguel seguían divirtiéndose como nunca con los niños del pueblo y ni se habían asomado por la casa.

No fue hasta la cena en casa de Raúl que volvieron a ver a los hermanos.

Cuando Cecilia los vio, no supo qué decir.

Parecía que se llevaban de maravilla con los niños del pueblo; entre los dos hermanos no sumaban ni cinco años de madurez mental.

—Oigan, ¿ustedes no tuvieron infancia o qué?

Cecilia por fin tuvo tiempo de hablar con ellos después de cenar.

Josefina hizo un puchero.

—¿Que si tuve infancia? ¿Tú qué crees?

A decir verdad, la infancia de Josefina y Miguel había sido mucho más privilegiada y variada que la de Cecilia.

Pero claro, la niñez en la ciudad tenía un color muy distinto a la niñez en el campo.

—¿No puedo tomarme una semanita de vacaciones por las fiestas?

Cecilia recordó entonces que Miguel nunca había sido muy estudioso; el hecho de que estuviera repasando para su examen de admisión a la universidad ya era un milagro.

Además, apenas estaba en su penúltimo año de preparatoria.

No podía esperar que fuera como los estudiantes de excelencia, pensando todo el día en las tareas de invierno.

—Bueno, bueno, haz de cuenta que no dije nada.

Josefina se rio por lo bajo.

—Yo creo que Ceci tiene razón, Miguel. Deberías estudiar. Aunque te falte un año, el tiempo vuela.

—Tu cuenta regresiva para el examen de admisión ya empezó.

—Si no te esfuerzas, no entrarás a una buena universidad, y si no entras, no podrás engañar a una niña rica para casarte con ella.

—Mírame a mí, ya ni siquiera puedo comprarme bolsos de diseñador, y tú tampoco podrás comprarte esos tenis de edición limitada.

Excelente argumento. Esas palabras tocaron el alma de Miguel.

—¡Me divierto hoy que es el último día, y mañana me pongo a estudiar en serio!

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