Cristhian enarcó una ceja.
—Charlotte dijo que fue criada por Luciano y que solo seguía sus órdenes.
—¿Y su expediente dice lo mismo? —preguntó Cecilia con curiosidad.
Cristhian asintió.
—Sí. Antes de venir, pedimos toda su información como estudiante de intercambio a la Universidad de Viento Claro.
—Es huérfana y fue adoptada por Luciano.
—Tengo la sospecha de que su verdadero maestro no es él —dijo Cecilia, con el ceño fruncido.
Cristhian se quedó pasmado. Si el maestro de Charlotte no era Luciano, ¿a qué había venido realmente?
¿Solo estaba fingiendo con Luciano para engañar a Cecilia y llevársela a Estrellonia?
—Señorita Ortiz, ¿tiene alguna prueba de esto?
Si no había pruebas, no podían sacar conclusiones tan a la ligera.
Cecilia recordó el enorme interés de Charlotte por la medicina.
—Ella es doctora, y le interesa mucho la medicina natural.
—Entonces su maestro, como mínimo, también debería ser médico.
—Pero ese viejo decrépito no tiene pinta de ser doctor.
—Él es físico.
—Puedo creer que sea el padre adoptivo de Charlotte, pero de ninguna manera es su maestro.
—Además, hace rato le mencioné que su enfermedad no tenía cura, y pareció no importarle demasiado.
Si no le preocupaba que su enfermedad fuera incurable, ¿por qué estaba tan obsesionado con que Cecilia lo tratara? ¿Acaso tenía algún problema mental?
—¿Por qué no le iba a preocupar? ¿Acaso no le tiene miedo a la muerte? —preguntó Cristhian por instinto.
Pero pronto entendió el punto.
¿Sería que en Estrellonia había alguien que sí podía curarlo?
—Cuando lo provoqué sin querer, me dijo que su cuerpo podía sacrificarse en nombre de la ciencia.
—Parecía creer que podría conseguir un cuerpo nuevo, ¡o incluso que le trasplantaran el cerebro!
Atreverse a hacer esa clase de experimentos... Con razón eran el mismo país que alguna vez usó armas biológicas. ¡No tenían humanidad!
—¡Si lo que dice es cierto, lo reportaré a mis superiores! —Cristhian creía que solo venía a arrestar a un traidor prófugo.
Quién iba a pensar que descubriría algo tan oscuro.
—Esto es solo una suposición mía —aclaró Cecilia—. Tendrán que interrogarlos bien a los dos, seguro sacarán respuestas.
—Ah, por cierto, esa tal Charlotte ya tuvo un hijo.
Cecilia soltó otra bomba.
Cristhian se quedó perplejo.
Charlotte era una estudiante de intercambio, y según sus documentos, apenas tenía veinte años.
Pero, desde el punto de vista médico, Cecilia sabía que en realidad tenía veintidós.
Era obvio que ni siquiera era estudiante de esa universidad, y que probablemente alguien había planeado todo esto para que se acercara a ella en Mirasia.
—Aunque su verdadera edad sea veintidós, cuando tuvo a su bebé no debió haber cumplido ni los dieciocho.

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