Cristhian ya no sabía qué decir. Las leyes sobre menores de edad en Estrellonia eran aún más estrictas que en Mirasia.
Pero si Charlotte había tenido a ese niño por voluntad propia o si la habían obligado, era un completo misterio.
Un hijo. Tal vez esa era la debilidad de Charlotte, y por eso Cecilia se lo había mencionado.
Cristhian le hizo saber que lo había entendido.
Sin embargo, tenía una opinión diferente a la de Cecilia sobre cómo manejarlo.
Si esa tal Charlotte era tan buena ocultando cosas, no soltaría la sopa tan fácilmente.
Si la interrogaban en ese momento, cuando aún no tenían mucha información, era muy probable que terminara engañándolos.
Lo mejor era investigar a fondo quién era ella realmente.
Solo entendiendo su pasado podrían interrogarla de manera efectiva y conseguir las respuestas que buscaban.
Pero claro, no era necesario explicarle todo esto a Cecilia.
Ella no esperaba que Cristhian fuera tan minucioso.
Pero por algo había llegado a un puesto tan importante a una edad tan joven; definitivamente no era alguien común.
A fin de cuentas, ella no era policía y no sabía cómo llevar a cabo un interrogatorio.
Como ya era la hora, entró a ver a Luciano Acosta.
Luciano se veía aún más demacrado que la noche anterior. Respiraba con mucha dificultad, como si fuera a colgar los tenis en cualquier momento.
Estaba conectado a una mascarilla de oxígeno y daba bastante lástima.
Pero Cecilia no sentía ni una gota de compasión por ese viejo desgraciado.
—Señor Acosta, ¿me mandó llamar? —dijo Cecilia, mirándolo de arriba a abajo.
Al ver su rostro pálido y enfermizo, era evidente el tremendo impacto que le había causado el fracaso de su misión.
Luciano levantó la mirada hacia ella.
—Por fin llegas.
—Sí, así que dígame lo que me tenga que decir de una vez, porque si no me voy a mi casa a dormir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana