El brazo de Rayan estaba sangrando, lo que hizo que Cecilia frunciera el ceño con preocupación.
—No es nada grave. Menos mal que traigo ropa gruesa por el frío, solo fue un rozón de bala.
Aunque él decía que era un rozón, a Cecilia le asustó bastante.
—De verdad no es grave, salgamos primero, Agus...
Antes de que Rayan pudiera terminar la frase, entró otra persona.
Era Agustín Sandoval.
Él también estaba herido. Tenía un corte en el rostro y la sangre le daba un aire salvaje. ¡Parecía salido de una película de acción y se veía increíblemente guapo!
—Agustín, ¿estás bien? —preguntó Cecilia con el ceño fruncido.
Agustín negó con la cabeza.
—¿Y tú, cómo estás?
Al ver que Cecilia no tenía ni un rasguño, Agustín soltó un suspiro de alivio.
Luego fijó su mirada en Alain Dubois.
—¡Ahorita viene alguien a encargarse de él!
Cristhian Lara no llegó hasta el amanecer.
Para ese entonces, Cecilia ya estaba en el hospital.
Después de todo, los guardaespaldas, Agustín y Rayan habían salido con algunas heridas.
Y los hombres que Agustín había llevado eran bastante duros de roer.
Pero no se podía negar que Alain Dubois también era peligroso. No solo había traído a muchos guardaespaldas a Mirasia, sino que también estaba aliado con criminales locales.
Habían desatado un tiroteo en el puerto, pero Rayan ya estaba preparado.
Raúl Ortiz también había pedido refuerzos, y como Agustín le había avisado a Cristhian, este se comunicó directamente con la policía armada de la zona.
El apoyo táctico fue impecable, y a Alain Dubois se le cortaron las alas.
Él creía tenerlo todo bajo control, pero nunca imaginó que caería redondito en la trampa que Cecilia le había tendido.
Estaba más que frustrado.
Pero ya ni siquiera tendría tiempo para lamentarse.
No solo querían sacarle más información, sino que Luciano Acosta debía enfrentar el peso de la ley.
Nadie quería que un traidor a la patria muriera de forma tan sencilla.
Pero este caso también involucraba a Cecilia y a sus padres.
Los altos mandos temían que, si el caso se hacía público, otros países intentaran hacer lo mismo y fueran tras ella.
La seguridad de Cecilia debía ser prioridad. Si no fuera por este traidor, ¡a sus padres jamás les habría pasado nada!
Y mucho menos habrían estado desaparecidos durante casi veinte años.
—Señorita Ortiz, esperamos que no se deje engañar cuando hable con Luciano.
—También esperamos que pueda sacarle la mayor cantidad de información posible sobre el meteorito.
Cristhian habló con ella primero antes de permitirle ver a Luciano, quien estaba detenido en un lugar secreto.
Por ahora, seguía en Villa Solana, y Cecilia tuvo que hacer un viaje de dos horas para llegar.
No esperaba que hubiera una prisión de máxima seguridad por esos rumbos.
—Creo que, si no logran sacarle nada a Luciano, deberían empezar por interrogar a Charlotte Dubois —le sugirió Cecilia a Cristhian en voz baja antes de entrar.

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