Al final de cuentas, estar estudiando en una universidad de tanto prestigio y tener a una prima sirviendo comida podría levantar rumores maliciosos sobre nepotismo.
Aunque la lógica de las tres amigas no era exactamente la que Cecilia tenía en mente, el resultado era el mismo. Al ver que dejaban el tema por la paz, Cecilia respiró aliviada. *Parece que la cuartada de Amelia es sólida*, pensó.
Durante los días siguientes, las clases transcurrieron con normalidad. A veces, Cecilia volvía a casa acompañada de su supuesta prima, pero la mayoría del tiempo andaba sola.
A pesar de que Agustín Sandoval le había suplicado que dejara de exponerse al peligro, Cecilia tenía sus propios planes. Si esa gente realmente planeaba secuestrarla y llevársela a Estrellonia, en algún momento tendrían que actuar. Pero si daban el golpe mientras estaba rodeada de los guardaespaldas de Agustín o de su propia familia, alguien podría salir lastimado, y eso era lo último que quería.
Cecilia prefería que esos tipos dieran la cara de una vez, y por eso les estaba sirviendo la oportunidad en bandeja de plata. Mientras más rápido atacaran, más rápido podría aplastar sus ilusiones. Ya les había arruinado un par de planes; no creía que tuvieran tanta paciencia.
Y, en efecto, sus enemigos ya estaban perdiendo los estribos. Se habían reunido en un piso franco para discutirlo.
—¿Qué hacemos? Esa maldita mujer siempre está con alguien. Apenas pasa unos minutos sola al día.
El grupo estaba compuesto por operativos cuya única misión era capturarla. El jefe los había convocado, dispuesto a quemar sus mejores cartas con tal de ponerle las manos encima a Cecilia.
—Ya lo saben, el jefe la quiere viva. No podemos entregarle un cadáver.
—Capturarla viva es un dolor de cabeza. Muerta sería más fácil —dijo un adolescente de cabello gris plateado, jugando ágilmente con una daga en la mano. Tenía toda la actitud de un joven rebelde que se creía invencible.
Otra chica, que llevaba el flequillo recto, lo miró con desprecio.
—Augusto, la tienes en un pedestal. ¿Por qué crees que no podemos capturarla viva? Es solo cuestión de tiempo.
Luego, la chica se giró hacia el tercer miembro del grupo.
—Vigílala.
Augusto chasqueó la lengua. No quería ser el niñero de Vanesa. Ella era egocéntrica y arrogante. Se creía mejor que todos solo porque podía seducir a un hombre fácilmente, ¿pero qué iba a hacer contra una mujer? ¿Acaso creía que saber pelear era suficiente? Mirasia estaba llena de expertos en artes marciales que mantenían un perfil bajo, y no sería raro que esa tal Cecilia tuviera un guardián en la sombra.
Ajena al peligro que la acechaba, Cecilia almorzó con sus compañeras de cuarto y luego regresaron juntas a los dormitorios para tomar una siesta. Como la universidad era un entorno seguro, durmió profundamente.
Mientras tanto, tras terminar el turno de la comida, Amelia fue a la cocina a almorzar. Justo cuando se disponía a salir, alguien la llamó.
—¡Ay, Camelia! Tienes que contarme tu secreto. ¿Cómo le haces para calcular las porciones tan perfecto? ¡A mí nunca me sale!
Era Olivia, la encargada de la ventanilla de al lado, que se le acercó en busca de consejos.

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