Estaba convencido de que alguien le había hecho daño.
Había estado buscando la verdad en silencio y estaba muy cerca de encontrarla.
Incluso sin la ayuda de Valentín, aquel excompañero ya estaba tras la pista de Beltrán.
Venía de una familia con ciertas influencias y, además, se había convertido en policía al graduarse.
De hecho, había elegido esa carrera justamente por la chica que amaba.
Valentín solo le dio un empujoncito: encontró las pruebas clave y se las entregó en bandeja de plata.
—¿Y no quieres preguntarle personalmente cómo está tu amiga?
—Ser corresponsal de guerra en el extranjero debe ser dificilísimo para una mujer.
Ceci soltó ese comentario tratando de ayudar a Moana.
Valentín estaba consciente de ello.
Era innegable que Moana era una mujer brillante.
Y también muy decidida, capaz de idear un plan perfecto para librarse del acoso de Beltrán.
¡Y lo había logrado!
—No hace falta. Si la llamo, solo voy a distraerla —respondió él.
Es cierto que le había prestado un poco más de atención, pero la cosa no pasaba de ahí.
Ceci se quedó sin palabras. *Qué hombre tan frío y calculador.*
Pero, pensándolo bien, era mejor así.
Si no sentía nada por ella, era preferible no darle alas, evitando que la chica perdiera el tiempo ilusionada.
Aunque Ceci dudaba que Moana pudiera olvidar a alguien tan encantador como Valentín.
Mientras más caballeroso fuera, más la enamoraría.
—Entiendo.
Ceci no le devolvió la llamada a Moana; solo le mandó un mensaje de texto.
Moana se sintió un poco desilusionada, pero no dijo nada.
Ella estaba en otro país y Valentín en el suyo. Cualquier vínculo emocional en este punto sería inútil.
Si te quedas de brazos cruzados, viene otro y te lo quita.
Y Agustín jamás le daría ventaja a la competencia.
Ceci se ruborizó. *Habla con tanta dulzura... ¿Quién fue el loco que dijo que Agustín era una máquina de hacer dinero sin sentimientos?*
—Además, si fueras tú, jamás dejaría que te fueras del país —agregó él.
Para deshacerse de un don nadie como Beltrán, Ceci ni siquiera tendría que mover un dedo; Agustín se encargaría de aplastarlo.
¿Ceci?
Ella pensó: *Obviamente, si fuera yo, no tendría que huir y volverme reportera de guerra para salvarme.*
El tema quedó ahí, pero Aurora le trajo las últimas novedades sobre Blas Téllez.
—Te hizo caso, de verdad se inscribió en ese reality de talentos —le contó.
Blas había echado toda la carne al asador.
Aurora se enteró por un profesor, quien, por cierto, estaba furioso porque Blas se había inscrito a sus espaldas.
Ahora que estaba en el campamento de entrenamiento, ya ni pisaba la academia. Al faltar un bailarín, el profesor tendría que reestructurar todos los grupos.

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