Estaba convencido de que alguien le había hecho daño.
Había estado buscando la verdad en silencio y estaba muy cerca de encontrarla.
Incluso sin la ayuda de Valentín, aquel excompañero ya estaba tras la pista de Beltrán.
Venía de una familia con ciertas influencias y, además, se había convertido en policía al graduarse.
De hecho, había elegido esa carrera justamente por la chica que amaba.
Valentín solo le dio un empujoncito: encontró las pruebas clave y se las entregó en bandeja de plata.
—¿Y no quieres preguntarle personalmente cómo está tu amiga?
—Ser corresponsal de guerra en el extranjero debe ser dificilísimo para una mujer.
Ceci soltó ese comentario tratando de ayudar a Moana.
Valentín estaba consciente de ello.
Era innegable que Moana era una mujer brillante.
Y también muy decidida, capaz de idear un plan perfecto para librarse del acoso de Beltrán.
¡Y lo había logrado!
—No hace falta. Si la llamo, solo voy a distraerla —respondió él.
Es cierto que le había prestado un poco más de atención, pero la cosa no pasaba de ahí.
Ceci se quedó sin palabras. *Qué hombre tan frío y calculador.*
Pero, pensándolo bien, era mejor así.
Si no sentía nada por ella, era preferible no darle alas, evitando que la chica perdiera el tiempo ilusionada.
Aunque Ceci dudaba que Moana pudiera olvidar a alguien tan encantador como Valentín.
Mientras más caballeroso fuera, más la enamoraría.
—Entiendo.
Ceci no le devolvió la llamada a Moana; solo le mandó un mensaje de texto.
Moana se sintió un poco desilusionada, pero no dijo nada.
Ella estaba en otro país y Valentín en el suyo. Cualquier vínculo emocional en este punto sería inútil.

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