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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1626

El nieto mayor del abuelo Teodoro, Isaac Hernández, era una excelente opción, pero hacía unos días se había ido a cumplir una misión a la zona de Luminosa.

Al regresar, había sufrido una pequeña lesión; aunque ya podía atender consultas con normalidad, no estaba en condiciones de practicar acupuntura.

La acupuntura requiere una precisión absoluta en las manos; la más mínima herida lo inhabilitaba.

Ya habían recurrido a Isaac, pero no había funcionado.

En ese momento, Cecilia no había regresado a la ciudad, y a Horacio ni siquiera se le había cruzado por la cabeza llamarla.

Fue el doctor Ramírez quien le mencionó que conocía a una chica con habilidades extraordinarias, preguntando si estarían dispuestos a intentarlo.

El abuelo de los Corrales, Marcos, ya sabía de la destreza de Cecilia y aprobó la idea de inmediato.

Sin embargo, los padres de Amelia dudaban, especialmente su madre.

Al enterarse de que Cecilia era aún más joven que su propia hija, se opuso rotundamente.

Ella insistía en que debían traer al abuelo Teodoro de vuelta al país.

Las altas esferas habían aprobado su solicitud, pero el vuelo del abuelo Teodoro fue cancelado repentinamente por algún contratiempo desconocido.

En resumen, el veterano médico no iba a llegar a tiempo.

Y Amelia no podía esperar más.

La oposición de la madre de Amelia ya no tenía peso.

El resto de la familia Corrales estaba de acuerdo, al igual que Horacio, su prometido.

El padre de Amelia se llevó a su esposa a un lado para calmarla, mientras Horacio se apresuraba a llamar a Cecilia.

Esa era la principal razón por la que la llamada había ocurrido tan tarde.

—Ceci, parece que volveremos a trabajar juntos esta noche.

El doctor Ramírez la saludó con un gesto desde lejos.

Hacer venir a una chica a mitad de la noche no era lo ideal, pero esta era la oportunidad perfecta para que Cecilia cimentara su prestigio a una velocidad increíble.

Y si no le importaba la fama, al menos le daría una experiencia invaluable.

—Doctor Ramírez —saludó Cecilia con respeto.

El doctor le dio un golpecito amistoso en la cabeza.

—¿Por qué sigues siendo tan formal conmigo?

—Vamos, hoy tú eres la estrella.

El doctor le pidió a su asistente que le entregara la ropa esterilizada a Cecilia. El tiempo apremiaba y no había espacio para charlas triviales.

Esa noche no faltaba nadie; el patriarca de los Corrales estaba allí, e incluso Guillermo Corrales, a pesar de sus problemas de movilidad, había hecho acto de presencia.

Horacio se quedó plantado frente a la puerta, sin cerrar los ojos ni un segundo.

Adentro, Cecilia no perdió el tiempo. Lo primero que hizo fue revisar el estado del cuerpo de Amelia.

Sus signos vitales estaban cayendo en picada; ni los equipos médicos más avanzados lograban estabilizarla.

Sin dudarlo, Cecilia le introdujo la píldora en la boca.

El doctor Ramírez se dio cuenta.

—¿Qué le acabas de dar? ¿Funcionará?

—Un remedio natural para estabilizarla. Secreto de familia. —Cecilia le guiñó un ojo con picardía.

El resto del personal, que pertenecía al equipo del doctor Ramírez, fingió no haber visto nada.

El doctor Ramírez sabía perfectamente que los ancestros de Rodrigo Serrano habían sido médicos imperiales.

Que ella tuviera acceso a algún remedio secreto era más que comprensible.

Con la Píldora de Renovación en su sistema, los signos vitales de Amelia finalmente dejaron de desplomarse.

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