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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1649

—¡Yo me ofrezco!

El muchacho levantó la mano, con el rostro ardiendo de vergüenza.

Se armó de valor no solo por la culpa de haberla tratado de forma tan atrevida en la mañana, sino porque, en el fondo, quería acercarse a ella.

¿Quién sabe? Tal vez tendría algo de suerte.

Aunque, viéndolo en perspectiva, ahora la dinámica era totalmente diferente. Entre una maestra y un alumno siempre hay una línea de respeto infranqueable.

Por más que Cecilia hubiera aclarado que era estudiante de primer año, en ese momento era, a los ojos de todos, una auténtica maestra.

Mientras la mente del chico era un torbellino de emociones, Cecilia no le dio mayor importancia.

—El compañero de camisa a cuadros en la ñltima fila, adelante.

El joven se levantó a toda prisa, tropezó con la pata de su propia silla y casi se va de bruces contra el suelo.

Cecilia aguantó la risa.

—Con cuidado, no hay prisa.

—¡Jajaja! —Las risas estallaron en el auditorio.

El chico se puso añn más rojo, aunque por su tono de piel no se notaba tanto el bochorno.

Cecilia le acercó una silla y le indicó que se sentara.

Era evidente que, además de estudiar mucho, el chico pasaba demasiadas horas jugando en la computadora al llegar a su cuarto, pues la tensión en sus hombros era extrema.

Cecilia utilizó una técnica específica de medicina integrativa para aliviar el dolor muscular. En cuestión de segundos, aplicó el tratamiento con una destreza impresionante.

—Las manos de esta señorita son puro talento —comentó asombrado un experto en terapias alternativas.

Los demás, aunque más orientados a la medicina convencional, sabían reconocer la destreza cuando la veían. Los movimientos de Cecilia no le pedían nada a los de un veterano con décadas de experiencia.

—No es solo talento. ¿Vieron con qué seguridad actúa? No titubea ni un microsegundo. Conoce la anatomía humana a la perfección.

—Además, su juventud le da una resistencia y pulso envidiables. Doctor Acosta, usted mencionó que ella fue clave en el desarrollo del nuevo tratamiento oncológico y que les aportó la perspectiva necesaria, ¿es verdad? —preguntó un colega incrédulo.

El doctor Acosta asintió con orgullo.

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