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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1648

Alguien no tardó en encontrar sus fotos compitiendo en la Olimpiada Internacional de Matemáticas y los artículos de prensa.

Otros compartieron fotos de su entrenamiento militar, y pronto, los estudiantes de medicina de la universidad confirmaron su identidad.

—¿En serio no es de nuestra facultad?

—Si ni siquiera está tomando apuntes, ¿a qué vino entonces?

—¡Seguro vino a presumir que es una genio!

La curiosidad estaba a tope, pero los que asistieron a la cátedra de la tarde pronto descubrirían el verdadero motivo de su presencia.

Los estudiantes que llegaron temprano por la tarde vieron a Cecilia caminar con seguridad hacia el atril y, creyendo que había un error, intentaron advertirle.

—Disculpa, compañera, tú no eres de esta facultad, ¿verdad?

—Creo que te equivocaste de salón. Aquí se impartirá una cátedra médica, y el profesor de esta tarde es un médico invitado de otra institución.

Cecilia colocó tranquilamente su laptop en el atril.

—No me he equivocado.

Su respuesta dejó callados a los estudiantes del fondo.

En ese momento, el doctor Acosta y el resto de los especialistas que charlaban en el pasillo comenzaron a entrar al aula.

Ninguno de ellos se imaginó que los estudiantes pensarían que Cecilia se había equivocado de salón.

De hecho, no solo los estudiantes dudaban. Muchos de los profesores locales que no habían asistido a las conferencias de los días anteriores pensaron que la muchacha era simplemente la asistente de alguno de los médicos.

—Vaya, la jovencita tiene aplomo. Ni siquiera se pone nerviosa ahí arriba.

—¿De quién es asistente? Tengo entendido que la exposición de esta tarde sobre medicina integrativa estará a cargo de un especialista.

—Ella es la especialista a cargo —intervino el doctor Acosta con una sonrisa de orgullo.

—¿Qué? ¡Es imposible! —Los médicos residentes y profesores de la universidad eran los más escépticos. Simplemente no podían creer que alguien tan joven fuera a darles una clase.

Tan pronto pronunció esas palabras, el auditorio estalló en un mar de susurros y miradas de incredulidad. Nadie podía asimilar que esa hermosa chica fuera la experta.

—Mi nombre es Cecilia Ortiz, soy estudiante de primer año de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viento Claro, y también fui parte integral en el desarrollo del nuevo protocolo para el tratamiento del cáncer óseo...

Con su introducción firme y profesional, el murmullo se fue apagando poco a poco.

No solo se había abierto un nuevo horizonte para el tratamiento del cáncer óseo, sino que habían diseñado medicamentos específicos. El avance era tal que en etapas tempranas se podía controlar la enfermedad con una tasa de éxito del setenta por ciento.

Era una cifra histórica. Por mérito propio, Cecilia tenía todo el derecho de estar en ese escenario.

La ñnica barrera era su juventud, que generaba desconfianza.

Pero bastó que empezara a desarrollar su tema para que todas las dudas se disiparan. Su dominio absoluto del tema los dejó cautivados.

Incluso pidió voluntarios del pñblico para demostrar sus habilidades clínicas.

Justo cuando Fabio Calvo estaba a punto de ofrecerse como voluntario para ayudarla, el chico que había intentado cederle su asiento en la mañana se puso de pie de un salto.

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