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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1698

De no haber tenido la certeza de que seguían adentro sanos y salvos, Samuel habría llegado a creer que alguien se los había llevado clandestinamente.

El cuadro clínico de Cristhian era de una gravedad crítica; al estar justo en el epicentro de la explosión y al priorizar salvar a Rogelio, no tuvo tiempo para protegerse.

El hecho de seguir respirando ya era un auténtico milagro.

El ataque enemigo tenía un solo objetivo: aniquilarlos a todos.

En aquel momento, Cristhian y su equipo habían capturado a un prominente doctor enemigo. Si lograban entregarlo al tribunal internacional, las repercusiones para Estrellonia habrían sido devastadoras.

¡Por eso decidieron silenciarlos para siempre!

Por suerte, Cristhian no era un novato. No solo cubrió a Rogelio con su propio cuerpo, sino que presintiendo el inminente peligro, se aseguró de esconder al doctor a tiempo.

Al no hallar a su objetivo principal, los atacantes se volvieron implacables contra Cristhian.

Por eso desataron una búsqueda colosal que explicaba los asfixiantes puntos de control militarizados.

En cuanto al porqué la caravana no fue registrada... bueno, esa era una proeza exclusiva de Rayan.

—¿Cómo salió todo?

Cuando Cecilia salió por fin del quirófano, estaba tan exhausta que sus piernas parecían de gelatina.

Sara y José se abalanzaron sobre ella; mientras uno le ofrecía unos bocadillos, el otro le daba de beber a pequeños tragos.

Del lado del director Ramírez, sus experimentados guardaespaldas no se quedaron atrás: rápidamente le administraron suero de glucosa y le ofrecieron un buen plato de sopa reparadora para subirle la energía de golpe.

Tras alimentarse, ambos lograron recuperar un poco el aliento.

Cecilia soltó un largo bostezo y se dirigió a don Benito:

—Abuelo, vaya a descansar, yo haré la guardia.

—No es necesario montar guardia por ahora, dudó que despierte tan pronto.

—Solo acata las órdenes del capitán Ortiz.

El director Ramírez agitaba la mano con desánimo y un pesado suspiro.

—Estoy viejo... muy viejo ya. Hubo una época en la que podía operar cuarenta y ocho horas de corrido sin que me temblaran las piernas.

El anciano se hundió en su silla, sin ánimos siquiera para articular otra palabra.

Pudo confirmar que los remedios naturales y la acupuntura eran excelentes aliados en este tipo de cirugías. Teóricamente, habría podido diluir los coágulos de Cristhian empleando únicamente acupuntura prolongada.

Pero el factor tiempo jugaba en su contra. Por ello, tras un intenso debate con don Benito, concluyeron que el bisturí era la opción más viable.

Limpiar la zona quirúrgicamente y luego potenciar la recuperación de Cristhian a través de sesiones de agujas de acupuntura garantizaría un pronóstico mucho más alentador.

Ambos fueron trasladados a una habitación VIP para descansar.

Apenas la cabeza de Cecilia tocó la almohada, cayó en un sueño profundo, sin percatarse de un pequeño detalle: ¡se había marchado al extranjero sin avisarle a la universidad!

Se fue como alma que lleva el diablo, y ante la repentina imposibilidad de contactarla, la facultad casi manda a llamar a la policía.

A sabiendas del historial de Cecilia y su pasado secuestro, los profesores temían que hubiese vuelto a caer en las redes del peligro.

Por fortuna, en los registros figuraba un contacto de emergencia: su tía Lourdes.

Las autoridades universitarias se comunicaron de inmediato con ella, quien a su vez llamó a su hijo, para averiguar qué demonios estaba pasando.

La tía Lourdes estaba al borde de un ataque de nervios. Si a su querida Ceci le pasaba algo malo, ¿con qué cara iba a mirar a su hermana política?

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