—Escuché que eres una genio en la escuela, la verdad es que te admiro muchísimo —Lina hablaba sin parar—.
—Yo, en cambio, soy un desastre. Tenía tanto miedo de reprobar el examen de admisión a la universidad que me dediqué a dibujar. Y mírame ahora, soy una completa vaga.
—Me gano la vida dibujando cómics.
—A veces pienso que a Ariel no le gusto por mi profesión tan inestable.
Cecilia la miró sorprendida. ¿Lina era ilustradora de cómics?
Debía irle bastante bien, porque la ropa y los accesorios que llevaba puestos no eran nada baratos.
—Ay, no me mires así. La verdad es que soy una mantenida de mis padres. Apenas gano unos centavos con mis dibujos —aclaró Lina, leyendo los pensamientos de Cecilia.
—Pues tu familia debe tener una buena posición, estoy segura de que Ariel no te menospreciaría por tu trabajo.
—Después de todo, tu respaldo económico compensa cualquier falta de ingresos fijos.
—Además, ser ilustradora de cómics suena genial. Eres libre y puedes ganar dinero —Cecilia no lo consideraba una debilidad en absoluto, aunque sabía que algunos hombres preferían esposas con un trabajo estable del gobierno, viendo a las artistas como personas sin futuro.
—Se gana dinero, sí, pero lo de la libertad es una mentira. A veces los fans me presionan tanto por el próximo capítulo que siento que me voy a quedar calva.
—Mírame el pelo, ¿no notas que tengo menos? Siento que la línea del cabello se me está yendo hacia atrás.
Lina se acercó a Cecilia para que le inspeccionara la cabeza.
—Por cierto, mi hermana me dijo que estudias medicina. ¿Tienen algún secreto milagroso en su facultad para la calvicie?
—¿Ningún maestro te ha pasado algún remedio secreto por debajo de la mesa?
Cecilia pensó para sí misma que Lina era, sin duda, una persona demasiado intensa. Un tipo reservado como Ariel tendría serios problemas para seguirle el ritmo.
Aunque, viéndolo bien, tal vez no pasaran ni tres meses antes de que Ariel cayera rendido en sus redes.
—De hecho, sí hay algo —dijo Cecilia, recordando de pronto que la pérdida de cabello era un mal común y había mucha demanda para solucionarlo.
—Hay opciones en la medicina natural. Una infusión de romero y extracto de ortiga... —Cecilia le dictó una receta clásica a base de hierbas.
—Si consigues los ingredientes y te lavas el cabello con esa infusión, notarás que la caída disminuye considerablemente.
—También venden champús de ese estilo en internet, pero ya sabes cómo es eso, nunca se sabe si realmente funcionan.

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