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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1717

En realidad, no se trataba de que no estuviera destinado a morir, sino de que Rogelio supo aprovechar la situación con bastante astucia.

Dado que Cristhian le había salvado la vida esta vez, Rogelio le guardaría una lealtad incondicional de ahora en adelante.

Rogelio tendría que ascender de puesto en el futuro, y su destino ahora estaba atado al de la familia Lara.

Si uno prosperaba, el otro también; si uno caía, ambos lo harían.

Desde pequeño, Cristhian había aprendido el arte de manejar a la gente. Era alguien muy inteligente.

Por supuesto, Agustín no pensaba entrar en esos detalles con Cecilia.

Al llegar a la mansión Ortega, ya eran las siete y media de la noche.

La rutina del anciano era muy estricta, y normalmente a esa hora ya habría salido a dar su paseo.

Pero hoy seguía esperando a que su nieta llegara a cenar; y aunque tenía hambre, solo había comido unos bocadillos para aguantar.

Era evidente cuánto le importaba su nieta a Esteban.

—¡Abuelo, ya regresé!

En esta ocasión, Cecilia no había traído ningún recuerdo de su viaje, pero al anciano eso no le importó en lo más mínimo.

Solo la miró de arriba abajo y, tras notar que, salvo por estar un poco más bronceada, se encontraba bien, por fin soltó un suspiro de alivio.

—Ay, muchacha, ¿cómo se te ocurre irte del país sin avisar? Tu tía Lourdes y yo pensamos que te había pasado algo malo.

Esteban estaba genuinamente preocupado, porque así fue exactamente como su hija se marchó para no volver nunca más.

Su hija desapareció un día cualquiera, y si ahora su nieta hacía lo mismo, ¿qué sentido tendría seguir viviendo?

Cecilia sabía que lo había preocupado y se sintió muy avergonzada.

—Lo siento mucho, abuelo, en ese momento la verdad no pensé en eso.

—La misión era urgente, el director Ramírez me llamó, hice mis maletas y me fui. Hasta se me olvidó pedir permiso en la escuela.

Esteban le dio un suave toque en la frente con el dedo y suspiró con resignación.

—Ay, de verdad que tienes el mismo carácter que tu madre.

Aunque era joven, era totalmente capaz de sacrificarlo todo por una causa justa.

¿Acaso su hija no había dejado de lado a su familia por su país?

Eso era porque, cuando vivía con la familia Ortiz, Ivana Vázquez siempre la educaba así.

Le decía que debía mostrar modales en la mesa, que no podía solo dedicarse a tragar, que comer un poco menos no le haría daño, pero que si comía como si nunca hubiera visto buena comida, la gente la menospreciaría.

Decía todo eso solo para humillarla y tratarla con dureza.

A Cecilia le daba pereza discutir con esa mujer, así que, por comodidad, solo comía lo que estaba a su alcance.

Tampoco era alguien muy glotona, y cuando Ivana no estaba, compraba y comía lo que le antojaba, sin necesidad de pelear con ella.

Pero en la casa de los Ortega, su abuelo la adoraba y ordenaba preparar una mesa llena de platillos deliciosos para que los probara todos.

Cuando Cecilia no alcanzaba algo, Esteban mismo quería servirle.

Sin embargo, estando Agustín presente, el anciano no tuvo que mover un dedo.

Agustín usó los cubiertos para servirle comida a Cecilia.

Si veía que algo le gustaba, le servía un poco más de eso.

Cecilia llevaba un día y una noche sin comer, así que se tomó dos platos de sopa de pollo, dos tazones de arroz y tampoco escatimó con los guisos.

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