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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1730

—Escuché que Ceci sabe de medicina natural y tratamientos alternativos, así que quería preguntarle si existe algún otro método para ayudarlo.

Aunque Guillermo había sonado bastante cortante, Aurora decidió tener paciencia y le explicó la situación.

Guillermo sintió que la envidia lo quemaba aún más por dentro. ¿Por qué diablos cuando él tuvo su accidente, Aurora no anduvo buscando doctores milagrosos para él?

Si Aurora supiera lo que este chico estaba pensando, probablemente le habría preguntado si se había golpeado la cabeza.

Él provenía de una familia con tanto dinero e influencias que podían traer cirujanos de otro planeta si quisieran. ¿De qué le iba a servir que una simple compañera de clases le ofreciera ayuda médica?

Si ella se hubiera aparecido con un curandero o un doctor al azar, habría sido una escena patética.

—¿Y no crees que la doctora Ortiz está muy ocupada? —soltó Guillermo, sin poder morderse la lengua.

En cuanto las palabras salieron de su boca y vio que Aurora lo miraba con extrañeza, se arrepintió al instante.

Él no era nadie para decidir si Cecilia estaba ocupada o no.

Su comentario lo hizo quedar como un entrometido insoportable.

Y si alguien se enteraba de que le gustaba Aurora, seguro pensarían que era el hombre más mezquino e infantil del mundo.

Guillermo abrió la boca para intentar arreglarlo, pero se dio cuenta de que cualquier excusa sonaría peor, así que optó por guardar un sepulcral silencio.

Cecilia, que había estado disfrutando de la escena como si viera una telenovela en primera fila, ya no tenía dudas: Guillermo estaba perdidamente enamorado de su prima.

Pero este no era el momento para perder el tiempo en dramas románticos.

—Mejor vayamos a ver a tu compañero. Tengo algunas cosas que hacer más tarde —intervino Cecilia, salvándolo de la incomodidad.

Guillermo soltó un suspiro de alivio en secreto. Qué bueno que no se pusieron a interrogarlo.

—Yo los acompaño a verlo —se apuntó rápidamente.

—¿Y tú a qué vienes? —preguntó Aurora, totalmente desconcertada.

Guillermo forzó una sonrisa algo rígida.

—Pues... no tengo nada mejor que hacer. Además, ¿no dices que él también se rompió la pierna? Podríamos intercambiar experiencias sobre rehabilitación y terapias.

—Llevo tres años con las piernas destrozadas, nadie entiende mejor que yo el infierno de no poder levantarse de una cama.

—Tal vez pueda ayudar a darle un poco de apoyo moral.

Aurora lo miró dudosa, pero finalmente cedió.

—Supongo que está bien...

Cecilia rodó los ojos mentalmente. *«Este chico solo quiere ir a marcar territorio e investigar a la competencia. Qué bueno que mi prima es tan inocente como para creerle.»*

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