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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1762

Y si resultaba que no servía para los negocios, al menos el nieto podría vivir como un joven heredero. Siempre y cuando no cayera en malos pasos, nunca le faltaría el dinero.

Pero si el muchacho resultaba ser un caso perdido, ya tenía un plan B: donaría la mayor parte de su fortuna y crearía un fideicomiso que le pasaría una mensualidad para vivir.

Y si sus descendientes resultaban ser unos delincuentes, entonces donaría hasta el último centavo y haría de cuenta que nunca los encontró.

Al ver la actitud relajada de la abuela Leire, Cecilia entendió perfectamente lo que pensaba.

No había de otra, las mujeres con alma de reina no se enredaban en detalles insignificantes.

—No le dé tantas vueltas al asunto, mañana mismo lo conocerá. Esta noche, trate de descansar bien.

—Después de tantos años de búsqueda, por fin lo encontró, pero me temo que hoy la emoción no la dejará pegar un ojo.

Leire le dio un toquecito cariñoso en la frente a Cecilia y luego miró a la señora Lorena Ortiz.

—Lorena, mira a tu nieta. Me quitó las palabras de la boca, lo dijo todo, lo bueno y lo malo.

La tía Lorena puso los ojos en blanco:

—¡Pues lo hace por tu bien!

Leire rio, dándose por vencida:

—Sí, sí, sí. Menos mal que Ceci está aquí, si no, recién llegada a Viento Claro, habría tardado una eternidad en decidir dónde quedarme.

La verdad era que, aun sin Cecilia, el personal de Leire lo habría organizado todo.

Pero tener a una nieta postiza preocupándose por ella era mil veces más cálido que depender de los empleados de la empresa.

Así que Leire se volvió hacia Cecilia:

—Esta noche me quedaré con tu abuela, pero mañana le diré que se vaya a quedar contigo a tu casa.

—No creo que a mi abuela le encante mi apartamento. Está frente a la universidad y tiene buena ubicación, pero es un poco apretado.

Cecilia estaba siendo honesta.

La tía Lorena miró a su nieta con una sonrisa de oreja a oreja:

—Tiene razón, nada se compara con la comodidad de un hotel.

—Llevo tanto tiempo viviendo en el pueblo que, ahora que puedo disfrutar de los lujos de tu abuela Leire en esta suite...

—No pienso irme a meter a tu pequeña madriguera.

Para ella, no había necesidad de tantas formalidades.

—No te preocupes, estoy bien en esta habitación.

—Está bastante bien —Bárbara no le pareció que la habitación fuera pequeña.

Principalmente porque no la había comparado con la de Amaya.

—Amaya, de verdad, no pasa nada. Me voy a descansar ya, mañana tenemos un día largo.

Esas palabras le sirvieron de recordatorio a Amaya.

El día siguiente sería la verdadera batalla.

Si lograba ayudar a la señora Quintero a deshacerse de esos parientes pobres y vividores, ¿acaso Doña Bárbara no le estaría eternamente agradecida?

A Amaya ni siquiera se le cruzó por la mente preguntarse por qué esos supuestos parientes pobres habrían viajado desde tan lejos hasta Viento Claro solo para buscar conexiones.

Simplemente asumió que querían aprovechar la oportunidad.

Mientras tanto, en su habitación, Bárbara daba vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño.

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