Ah, con que de ahí venía la conexión. Bárbara lo entendió todo.
Con razón Cecilia había mencionado que podía ayudar en la recuperación de Yonatan. No se trataba de que fuera una eminencia médica, ¡sino que conocía a la mismísima abuela del muchacho!
Seguramente su suegra tenía los contactos necesarios para encontrar especialistas de primer nivel que no se dejaban ver por cualquiera.
—Ah, ya entiendo. Mucho gusto, doña Lorena.
Tras el respetuoso saludo, Bárbara se dirigió a Cecilia, mirándola con la calidez con la que miraría a una de los suyos:
—Ceci, ¿tú ya sabías de todo esto desde antes?
Si no, ¿a cuento de qué iba a visitarlos?
Leire la miró confundida, y Cecilia se apresuró a aclarar las cosas:
—No, no tenía idea. Vine a acompañar a mi prima y el destino quiso que nos cruzáramos. Fue pura casualidad.
Al escuchar eso, a Bárbara todo le cuadró.
Si Cecilia lo hubiera sabido desde el principio, no tendría sentido que Leire recién apareciera ahora.
—Parece que Yonatan y Ceci estaban destinados a cruzarse —comentó Leire en tono de broma.
Miró a su vieja amiga Lorena:
—Es una lástima que ya hayas comprometido a Ceci con el chico de la familia Sandoval. Si no fuera por eso, te aseguro que mi nieto habría sido un excelente partido.
La tía Lorena le puso los ojos en blanco a Leire:
—Yo no fui quien los comprometió. Además, el joven Agustín me parece un muchacho excepcional.
La tía Lorena no tenía pelos en la lengua.
No se guardaba nada, e incluso les lanzó una mirada de soslayo a Bárbara y a Amaya.
Si Yonatan tenía a una madre que se dejaba enredar tan fácil y a una amiga de la infancia que llevaba las malas intenciones escritas en la frente, definitivamente no le llegaba ni a los talones a Agustín Sandoval.
Leire captó la indirecta de inmediato: a su amiga no le convencía su nieto para Cecilia.
Suspiró profundamente. Al fin y al cabo, el muchacho no se había criado bajo su tutela; tendría que enseñarle todo desde cero, y eso tomaría tiempo.
Sin embargo, a Bárbara se le iluminaron los ojos. Si Cecilia hiciera pareja con su hijo, harían un equipo maravilloso.
Pero, siendo realistas, con la pierna rota y enfrentándose a un rival como ese tal Sandoval, que aunque no sabía quién era seguro tenía más peso, su hijo estaba en clara desventaja.

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