—Después de todo, él nunca te hizo ningún daño.
El rostro de Nina palideció. ¿Cómo era posible?
¿Para qué se iba Fabrizio al extranjero en este momento?
¿Acaso se fue de viaje para sanar su corazón roto?
—¿Por qué se fue?
Cecilia no tenía ninguna intención de ser compasiva.
Nina se había buscado todo eso sola.
—Porque desde hace tiempo tenía la oportunidad de irse, pero por ti había decidido no hacerlo.
—Ahora que ya no estás con él, ¿qué lo detenía?
Nina sintió como si le cayera un balde de agua fría.
Con razón Fabrizio había estado dudando tanto sobre irse al extranjero; por eso le había preguntado si quería casarse después de estabilizarse profesionalmente.
O si prefería que compraran una casa primero, se casaran y esperaran unos años para tener hijos.
Resultaba que él ya tenía una oportunidad de ascenso y un mejor sueldo.
Pero, ¿por qué Fabrizio no se lo dijo?
Si se lo hubiera contado antes, ella no habría...
Pero esas palabras se quedaron atoradas en la garganta de Nina.
Desde hacía tiempo había empezado a dudar; sobre todo al entrar al posgrado y ver que muchas compañeras conseguían beneficios por salir con ciertos chicos.
Chicas que ni siquiera eran tan bonitas como ella tenían una vida mucho mejor.
¿Qué se suponía que debía hacer?
Ante tantas tentaciones, ¿quién podría resistirse?
—¿Entonces tienes su contacto?
Nina todavía no se daba por vencida.
Cecilia ya no sabía ni qué decirle.
—No, yo también me enteré por Agustín.
—Y aunque lo tuviera, ¿por qué te lo daría?
—La señorita Soto no creerá que, después de ser infiel y sufrir un aborto, puede volver a buscar a Fabrizio para arreglar las cosas, ¿verdad?
—Él es un gran hombre, pero no es ningún tonto.
Cecilia no tuvo piedad al dejar al descubierto los pensamientos de Nina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana