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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1803

Si Nina iba a clases en ese estado, alguien le mandaría un mensaje a Fabrizio en secreto para preguntarle qué había pasado entre ellos.

Y Fabrizio respondería sin rodeos que habían terminado.

Incluso habría quienes saldrían en defensa de Nina.

Uno de ellos era un excompañero de Fabrizio, que ahora trabajaba como profesor en la escuela.

Casualmente conocía a Nina, y al verla en la facultad le preguntó qué le pasaba.

—¿Terminaron? ¿Por qué terminaron? La veo muy pálida, ¿no me digas que perdió un bebé?

—¡Muchacho, no te vayas a convertir en un patán sin corazón!

Antes, él solía salir a cenar de vez en cuando con Fabrizio y Nina.

En la escuela, él cuidaba de Nina casi más que el mismo Fabrizio.

Al principio era solo por cuidar a una estudiante menor y a la novia de su amigo.

Pero, sin darse cuenta, empezó a sentir algo más por Nina, algo inconfesable.

Como Fabrizio siempre decía que tenía planes de casarse con ella, el profesor jamás intentó meterse en el medio.

Pero eso no impedía que se preocupara por ella en silencio.

Ahora, al enterarse de que habían terminado, el profesor sintió que el corazón le latía a mil por hora.

Su primera reacción fue pensar que por fin había llegado su oportunidad.

Su segunda reacción fue indignarse: ¡ese tonto de Fabrizio se había atrevido a lastimar a la niña!

¡Era el colmo!

—Estaba a punto de pedirle matrimonio, ¿cómo iba a hacerle daño?

La voz de Fabrizio sonaba apagada.

El profesor notó que algo andaba mal.

—¿Qué pasó? ¿Fue ella la que terminó contigo?

—¿Por qué? ¿Acaso la hiciste sentir mal por algo?

—A las mujeres hay que consentirlas, no vayas a descuidarla solo por estar tan metido en el trabajo.

—... Ella encontró una opción mejor. Al final, yo solo soy un empleado que se la pasa trabajando —respondió Fabrizio.

El profesor no pudo ocultar su sorpresa en el tono de voz.

—Pero Nina no parece ser ese tipo de chica, ¿o sí?

—Bueno, ¿y de verdad vas a poder olvidarla?

—Se veían tan enamorados...

Fabrizio soltó una risa amarga.

—No se trata de si puedo olvidarla o no, ella tomó su decisión entre otro y yo hace mucho tiempo.

Fabrizio pensó que había sido lo bastante claro.

Pero jamás se imaginó que, al regresar al país tiempo después, descubriría que el profesor y Nina estaban juntos.

Nina tenía su encanto; el profesor ya estaba loco por ella, así que con solo mover un dedo lo tuvo comiendo de su mano.

Pero claro, esa es otra historia.

Cuando Cecilia volvió a la escuela, llamó a Agustín para contarle cómo estaba Nina.

A Agustín no le pareció nada del otro mundo.

—Esas cosas ya no le interesan a Fabrizio.

Cecilia sabía muy bien que Agustín no era de los que se meten en lo que no les importa.

Era lógico que no le dijera nada a Fabrizio; así, él podría enfocarse por completo en sus estudios y su trabajo en el extranjero.

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