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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1810

No crean que los hombres no sienten celos cuando ven a alguien más atractivo que ellos; y el señor Beltrán Blancas era el clásico hombre del montón.

Su familia tenía dinero, sus padres no eran nada feos y sus hermanos mayores también habían sido agraciados con buena apariencia.

Pero cuando llegó su turno, pareció que hubo un fallo genético y heredó todos los defectos de sus padres.

Ese había sido el mayor tormento de Beltrán toda su vida.

Su único objetivo era encontrar una esposa hermosa para mejorar la genética de sus futuros hijos.

Y por eso había puesto la mira en Moana.

El problema era que Moana no mordía el anzuelo. Esa noche, aprovechando una reunión con socios, había logrado emborracharla, con la intención de forzar las cosas entre ellos.

¿Quién iba a pensar que un aguafiestas se cruzaría en su camino?

Ese tal profesor, saltaba a la vista, era un rompecorazones.

Y Moana lo miraba con unos ojos que parecían querer devorarlo.

¡Con razón la maldita mujer no le hacía caso, resulta que le gustaban los hombres que solo servían para lucir la cara!

¡Una mujer superficial que solo se fijaba en lo físico!

Pero por mucho que Beltrán hirviera de rabia por dentro, su rostro no mostraba ninguna emoción.

—Moana, ya es muy tarde, mejor te llevo a tu casa.

—Cualquier cosa que quieras platicar con tu amigo, lo pueden dejar para otro día.

Beltrán volvió a extender la mano, intentando agarrar a Moana.

—No necesito que me lleves. Valentín y Cecilia me pueden acompañar.

Moana, temiendo que a Valentín le molestara, se acercó aún más a Cecilia.

Valentín se interpuso, bloqueando el paso de Beltrán.

—¿Usted es el señor Blancas, verdad?

—Ya que Moana dijo que no necesita que la lleve, será mejor que se retire.

Su tono tenía un peso y una autoridad inexplicables, lo que obligó a Beltrán a levantar la cabeza para mirar a Valentín.

Sí, a levantar la cabeza.

Cecilia soltó una risita disimulada.

Este señor Blancas realmente tenía unas vibras de viejo machista y se veía bastante desagradable.

Con su estatura de apenas un metro setenta, realmente tenía que alzar el cuello para ver a Valentín.

Sin embargo, Beltrán se mantenía desafiante, como si en cualquier momento fuera a saltar para morderle las rodillas a Valentín.

—Profesor Ortega, me imagino que este caballero y la señorita periodista son pareja, ¿no es así?

—Ya es muy tarde, sería mejor que él acompañara a su novia a casa.

—De lo contrario, su familia se va a preocupar.

Apenas abrió la boca, Isabella dio por hecho que Moana y el señor Blancas eran novios.

A Beltrán le brillaron los ojos de alegría al escuchar eso, ¡pero Moana opinaba todo lo contrario!

—Él es mi jefe, no mi novio.

Moana no le respondió a Isabella, sino que miró fijamente a Valentín, como queriendo justificarse con él.

Valentín quiso responder que a él no le importaba en lo absoluto.

Pero prefirió quedarse callado.

La sonrisa en el rostro de Isabella se congeló.

Había intentado emparejarlos a propósito.

Jamás imaginó que, incluso en esa situación, Moana seguiría intentando justificarse ante Valentín.

¿Acaso no le importaba ofender a su propio jefe?

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