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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1812

—Yo solo...

Isabella no supo qué más decir para justificarse.

Jonás Rivas entendía perfectamente las inseguridades y celos de las chicas jóvenes, pero no podía tolerar que Isabella estuviera dispuesta a empujar a otra mujer al abismo por pura mezquindad.

¿De verdad había sido un comentario inocente?

Probablemente, solo Isabella conocía la oscura verdad en su corazón.

—Si de verdad te interesa Valentín Ortega, deberías enfocarte en ser una mejor persona, no en hacer cosas que solo logran causar rechazo.

—¿Sabías que Valentín y Cecilia son primos? —preguntó Jonás, cambiando de tema sutilmente.

El color regresó un poco al rostro de Isabella.

—Lo escuché por casualidad, sí.

—Pues su prima parece que no te soporta, y el criterio de ella es más que suficiente para influir en lo que toda la familia Ortega piense de ti.

—Isabella, todos cometemos errores y podemos corregirlos, pero a veces, la primera impresión lo es todo.

Jonás habló con un tono profundo y sincero, adoptando por completo su rol de figura paterna intentando guiar a la nueva generación.

Pero para los oídos de Isabella, aquellas palabras sonaron muy diferentes.

Lástima que no estuviera en posición de contradecir al poderoso Jonás Rivas.

Solo pudo bajar la mirada y morderse el labio con tanta fuerza que casi se deja una marca.

—Lo siento, tío Jonás. Lamento haberte causado preocupaciones.

Jonás hizo un ademán restándole importancia.

—Por mí no te preocupes. Si logras conquistar a un joven tan sobresaliente como Valentín Ortega, yo seré el primero en alegrarme por ti.

—Pero, escúchame bien: en esta vida hay límites morales que jamás se deben cruzar.

No dijo más. Al fin y al cabo, Isabella no era su hija biológica, y si la regañaba de más, solo lograría que le guardara rencor.

Sin embargo, al llegar a casa, Jonás apartó a su hija Dora y le advirtió que, si volvía a salir con Cecilia, procurara no invitar a su prima Isabella.

—Papá, no te preocupes, sé perfectamente lo que hago.

—Es evidente que a Cecilia no le cae nada bien mi prima; incluso me hizo un par de preguntas sobre ella con cierto tono de desconfianza.

—Te aseguro que no voy a forzarlas a convivir.

—Además, tengo la ligera sospecha de que mi prima solo vino a esta reunión por el profe Ortega.

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