—No puede ser, ¿en serio quieres estar con el monstruo que te acosó?
—Tienes una forma de pensar muy retorcida.
La ráfaga de palabras de Cecilia ya había logrado desestabilizar por completo a Adriana.
—¡No pienso llegar a ningún acuerdo! —soltó Adriana de repente.
—Excelente, te apoyo al cien por ciento —aplaudió Cecilia.
Adriana no lograba comprender a Cecilia, al punto de pensar que la chica estaba loca.
Acababa de decir que no llegaría a un acuerdo con su hermano. ¿Acaso no entendía lo que eso implicaba?
Cecilia se lo dejó claro rápidamente.
—Como mujer, si de verdad fuiste acosada, apoyo que no llegues a un acuerdo.
—Pero como ciudadana que respeta la ley, también apoyo que mi hermano no llegue a ningún acuerdo contigo.
—Tal vez no lo sepas, pero es muy fácil para los forenses distinguir si las marcas en el cuerpo te las hiciste tú misma o te las hizo otra persona.
—Si en esta delegación no tienen los recursos, podemos ir a la jefatura de policía.
—Ah, y sobre la cámara de seguridad... ¿De verdad está completamente inservible?
Al escuchar eso, a Adriana se le borró el color de la cara.
Ni ella misma estaba segura de si la cámara no grababa nada en absoluto.
—¿Se puede recuperar el video? —La oficial Penélope Ruiz se mostró escéptica.
—Depende de qué tan dañada esté la cámara. —Cecilia tampoco estaba segura de si se podría recuperar.
Después de todo, no era que se hubiera roto justo después de grabar.
Si la cámara ya estaba arruinada de antemano, entonces no habría captado nada.
Penélope y el otro oficial miraron a los guardias.
El guardia alto explicó:
—La cámara no estaba totalmente rota, solo parpadeaba y la imagen no era nítida.
—¿No la apagaron por completo para ahorrar electricidad, verdad? —preguntó Cecilia por si acaso.

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