— Por esta vez dejaré que seas tú quien lo haga a tu manera. Dime algo¿Has tenido una polla en la boca antes?— Preguntó Marius cuando su polla saltó, dura, necesitada, frente a los ojos de la chica, quien no pudo disimular su sorpresa cuando estos se abrieron más grandes de la cuenta y él no pudo más que subir otra velocidad al vibrador, iba a ser una tortura no follarla hasta que estuviera seguro de que no querría escapar de él ¡Por los jodidos dioses! Llevaba unas horas con ella y no paraba de pensar en poseerla de todas las formas posibles e imaginables.
—Jamás he hecho nada igual —reconoció obligándose a levantar la vista y verlo a los ojos, después tragó duro al ver su fuerte y férrea erección alzándose vigorosamente frente a ella, era grande, quizá dolería y aun así seguía queriendo hacerlo, ya no por el dinero sino por el deseo que parecía crecer y multiplicarse en su interior con la simple presencia de la joven.
Llevó su mano curiosa hasta ella, tomándola entre sus manos, notando que, aunque deseara apretarla del todo, no podría a causa del grosor, sus dedos no eran lo suficientemente largos como para cerrarlos completamente sobre la erección del francés.
La constante vibración en su entrepierna la hizo gemir, nada más llevó la lengua hasta la punta de su miembro saboreándola, lamiendo la pequeña perla de pre semen que humedecía la punta del glande, era salada y algo viscosa, el olor también era diferente y, aun así, era tan característico el aroma de Marius, que no dudó en llevarse la erección a su boca abriéndola mucho más de lo que imaginó ser capaz de hacerlo, trató de bajar, pero hacerlo fue toda una odisea, no lograba saber si debía hacerlo de golpe o despacio, solo cerró los labios alrededor de su grosor y los deslizó rápido provocándose varias arcadas al no calcular qué tanto podría llevarse a la boca, menos de la mitad de la polla de Marius, aun así siguió bajando intentando darle cabida por completo en su boca y, al no poder más, subiendo de manera lenta y torpe, saboreando, pero sobre todo explorando toda la envergadura que estaba disfrutando de devorar, sintiendo algo crecer en ella a medida que sus bragas se humedecian cada vez más a causa de la vibración y sobre todo por lo que hacía.
Esos dedos explorando su miembro parecían los de alguien que no sabía cómo manejar lo que tenía entre manos y eso fascinaba a Marius, porque aquella chica no era tan solo virgen, era pura, inexperta, casi inocente, un jodido lienzo en blanco sobre el que pintar y al que enseñarle todo, perfecta para que él la corrompiera a su antojo y por completo.

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