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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 100

C100- LA HIJA DEL ASESINO DE MI PADRE.

—Tengo un hijo, mamá. Se llama Oliver, tiene ocho años. Es… es perfecto.

Hubo silencio de nuevo.

—¿Estás diciendo que…? ¿Hace ocho años que eres padre y nunca me lo dijiste?

—Es una historia complicada... Muy complicada. Pero ahora… todo está cambiando. Estoy con su madre, y Oliver sabe quién soy. Todo se está acomodando, solo falta una cosa: que te conozca a ti.

—Dios mío… —susurró ella, y luego hubo un ruido de fondo, como si se hubiera dejado caer sobre la cama—. ¿Un nieto? ¡Tengo un nieto! ¿Y me lo dices así, por teléfono, como si fuera una noticia menor?

Grayson sonrió con culpa, frotándose la nuca.

—No sabía cómo decírtelo, no es algo fácil de soltar.

—¡¿Fácil?! ¡Eso es algo que se grita, Grayson! ¡Eso se celebra! —Ella hizo una pausa— ¿Él… sabe de mí?

—Le hablé de ti hoy y también su madre. Está emocionado por conocerte.

—Entonces dime cuándo y cómo. Armaré mi maleta en cinco minutos.

Él cerró los ojos por un momento, sintiendo cómo una parte de la tensión comenzaba a aflojar.

—Te enviaré el vuelo, me encargaré de todo.

Kate terminaba de acomodar el cabello rubio a Oliver, mientras el tamborileaba los pies contra la alfombra, incapaz de quedarse quieto. Desde que Grayson le había contado que su abuela viajaría a Londres, no había podido dormir bien. Cada mañana se despertaba con ideas nuevas sobre lo que harían juntos.

—¿Mamá…? —dijo de pronto—. ¿Crees que mi nueva abuela me hará galletas?

—Probablemente sí, cariño. Todas las abuelas hacen galletas.

Oliver abrió la boca, encantado con la idea, y aplaudió despacio.

—¡Genial! Pero espero que no les ponga pasas. Las pasas arruinan todo, ¿sabías?

—Totalmente de acuerdo —dijo Kate, mordiéndose el labio para no reír a carcajadas.

Después de terminar con su cabello, le acomodó la camiseta azul que él mismo había elegido para ese momento. A Oliver le encantaba el azul porque decía que le sentaba bien con los ojos, y mientras abrochaba la chaqueta del niño, ella sintió el primer nudo en el estómago.

Intentó ocultarlo, pero era imposible no pensar en lo que vendría.

Iba a conocer a la madre de Grayson y también a su hermana. Dos mujeres que amaron profundamente al hombre que su propio padre les robó, y por más que intentara convencerse de que el pasado no la definía, el temor de ser rechazada se colaba como un veneno silencioso.

No tuvo tiempo de seguir cayendo en ese torbellino, porque el rugido del motor de un coche se escuchó claro y fuerte desde la entrada, y su corazón saltó en su pecho como si hubiera escuchado un disparo.

—¡Ya llegaron! —gritó Oliver, con la emoción saliéndole por los ojos.

Ella tragó saliva y esperó junto a Oliver que llevaba su cubrebocas azul con dibujos de dinosaurios, ese que él decía que lo hacía ver como un “explorador del espacio”

Un segundo después, la manija giró y Grayson fue el primero en entrar.

—Ya estamos aquí —anunció.

Y entonces apareció ella.

La madre de Grayson.

Entró con paso elegante, envuelta en un abrigo beige claro y un bolso que colgaba con gracia de su antebrazo. El cabello canoso lo llevaba recogido en un moño bajo e impecable, y sus ojos, azules exactamente iguales a los de su hijo y su nieto,observaban todo con calma.

—Un gusto conocerla, señora...

La madre de Grayson no respondió de inmediato; era como si su cerebro intentara decidir qué sentir. Sin embargo, se obligó a reaccionar y, aunque su gesto se mantuvo neutro, finalmente extendió la mano.

—Hola, Kate. Soy Elenora.

Kate tomó su mano con suavidad, pero debajo, había una tensión que podría cortarse con un cuchillo.

Elenora no sabía qué hacer con esa mezcla que la carcomía por dentro. Frente a ella estaba la hija del hombre que había destruido su vida... y al mismo tiempo, era la madre del niño que le devolvía el alma.

¿Cómo se procesaba algo así? ¿Cómo Grayson había terminado enredado con ella?

El silencio amenazaba con volverse más incómodo, cuando el sonido de otra voz irrumpió en la entrada.

—¡Cielos! El clima aquí en Londres es horrible. No sé cómo puedes vivir en este lugar, Gray. Chicago es mil veces mejor.

La mujer que apareció en la sala tenía el cabello negro azabache, liso y recogido en una coleta alta; sus ojos marrones se clavaron en la escena frente a ella y se paralizó.

La tensión se instaló al instante y Grayson se aclaró la garganta e hizo las presentaciones.

—Kate, ella es mi hermana, Gianna.

Kate sonrió amablemente y extendió la mano.

—Hola, Gianna... yo...

—No me toques. —La voz fue firme y cortante. Gianna ni siquiera hizo el ademán de acercarse; en cambio, la miró de arriba abajo con absoluto desprecio. —No voy a estrechar la mano de la hija del asesino de mi padre.

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